El ‘Gran Juego’ en Madrid
El
‘Gran Juego’, novelado por Rudyard Kipling en ‘Kim de la India’, denomina
las maniobras del servicio secreto británico hace más de un siglo para
enfrentarse a la influencia zarista en Afganistán, más allá de otros
‘juegos’ de represión colonial pura y dura. Ese ‘Gran Juego’ estratégico
ha seguido hasta hoy, sin moverse casi del mismo escenario geográfico de
la falla sismo-política del oriente medio, que ahora inestabilizan gurkas
y petrodolareros. Éstos se apoyan o se enfrentan, como siempre según se
tercie, en talibanes y binladenes, con los mismos sospechosos cambios de
chaqueta, de disfraz o de burka.
En el
‘Gran Juego’ actual que llevan a medias los servicios de inteligencia
anglo-imperialistas de ambas orillas atlánticas, Aznar aparece como mera y
estúpida comparsa. Al tandem Bush-Blair, poco asistido por unos
franco-alemanes pendientes de sus propios intereses, Aznar aportaba el
caballo de troya dentro de la desunión europea, haciendo de paso un
poco de garita iraquí, a las órdenes de unos polacos deseosos de
respetabilidad otanesca (hasta junio, que entran ya en el eldorado
europeo) y sargenteando a los golpistas centroamericanos, que entrenan
para ser mercenarios del poco atractivo ejército español.
Un
segundón con tantas habilidades tiene su futuro personal asegurado entre
los camareros del ‘Gran Juego’, ahora que deja las riendas absolutas al
poder gallego. Pero las elecciones en España no están resultando tan
sencillas como se habían planeado para coincidir con el triunfo del
imperio que todo lo justifica. Bush no se ha quitado el pantano iraquí tan
pronto como presumía su círculo de espías y palmeros. Blair se ha metido
en laberintos tan apetitosos que hasta los decrépitos tatcheristas se
animan a darle caña. Los protectores tienen que cubrir más sus cínicos
futuros que a los ministros de exteriores y de la guerra de Aznar, solos
frente al peligro de su estupidez manifiesta: son los últimos buscadores
de los pretextos de destrucción masiva, mientras que no ganan en la ONU,
se les caen los aviones y se quedan sin los espías que vienen del
refrigerio.
Del paseo
militar también por las urnas, han tenido que pasar a defenderse pueblo a
pueblo, tras el rostro pétreo de Zaplana y sus artes corruptas de autocar
social y bocadillo al pensionista. Los tácticos del ‘pequeño juego’ han
tenido que diseñar una campaña electoral a la brava, con farsa en tres
actos y gloria final de mantenimiento de la mayoría absoluta. En el primer
acto, han hecho entrar en acción al tonto de Carod, que debe aún creerse
que en Perpiñán se ven películas X (o Eta, casi lo mismo). Como no
consiguieron que el público silbara lo bastante al tripartito
‘separatista, comunista y pancartero’, facilitaron en el segundo acto vía
franca al comando que atravesó en un santiamén las montañas nevadas,
ikurriñas al viento, para caer como está mandado, mostrando un misterioso
plano que redondea el corredor del Henares como zona del atentado, una
pista por si el público tiene que hacerse a la idea del acto siguiente (y
de lo tontos que son unos etarras que pasean por media España y no se
saben la entrada a Madrid). Tras ver que la sondeada opinión pública
tampoco rechazaba lo bastante al maldito ZP (zorro peludo para más
señas), han pasado al tercer acto en ese mismo corredor, con ETA matando
más bestia que de costumbre y a esperar la gloria final, montada en una
oposición encogida que pide estar con el Gobierno pancartero y que
suspende su escasa posibilidad de abrir la boca hasta la próxima campaña
(campaña que la televisión pepera redondea con las carnicerías y las
manifestaciones de apoyo).
Pero algo
falla: ETA, en vez de aguardar la semanita de costumbre para
responsabilizarle del atentado, se las ingenia para repetir a toda marcha
que esta vez no ha sido y que no es tan bruta. Nada, nada, dicen los
tácticos del ‘pequeño juego’ electoral, hemos encontrado su esquema de
destrucción masiva. Pero no se han enterado que los estrategas del ´Gran
Juego’ consideran que Aznar ya tiene bastante elección ganada gracias a
los presuntos etarras; así que han dejado hacer a los alcaedarras (da lo
mismo, sólo es cuestión de disfraz de sicario o de precio) porque a Bush-Blair
le conviene masacres con más caché internacional. Eso de ETA es un
problema doméstico que sólo beneficia la reconstrucción electorera de
Aznar, mientras que Al Queda puede verse como una amenaza para toda esa
Europa de tenderos remisos que aún resisten los montajes del mafioso
imperio para dar protección, frente al terrorismo provocado que inunda las
calles del mundo y del Bronx.
Ya se sabe que de vez
en cuando hay que romper escaparates, como en ese Madrid obrero y
pacifista. Así que el think-tank de Bush ha elegido el terror en el
supermercado europeo con un poco de bulla en el ultramarino español de
Aznar. Justo a tiempo para no perjudicarle mucho, porque el tiempo va
desgranando su rápido avance hasta la tarde del domingo de resurrección,
mientras sigue la confusa niebla del quien ha sido ¿ETA como conviene a
Aznar? ¿Bin Laden como conviene a Bus-Blair? Es un mero detalle para los
que mueven los asesinatos de Kennedy o de Carrero, para los que
promocionan o rompen juguetes como los Noriega o Hussein, para los
invasores de un país medio muerto en busca de fantasmas de destrucción
masiva y de contratos de reconstrucción no menos masiva. Unos cientos de
muertos, aquí o allá, una operación encubierta con cínica chapuza para
tapar falsos rastros de escenas anteriores, todo facilita que el ‘Gran
Juego’ siga su teatro actual: el terrorismo ya golpea en Europa, las
masas europeas claman seguridad a sus pastores y éstos la suplican al
lobo de Washington. Mientras tanto, ‘detengan a los sospechosos
habituales’, como enseña en ‘Casablanca’ ese simpático gendarme europeo,
obligado al inicio de una larga amistad con el no menos simpático
chantajista americano.
Gentileza de Cercle Obert de Benicalap
Iniciativas Sociales y Culturales de Futuro

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