A 20 años de Tiananmen, tres protagonistas cuentan sus historias

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La Gran Época entrevistó a tres personas que participaron del movimiento estudiantil que terminó en masacre

 

 

El 14 de abril de 1989, en Beijing, los estudiantes comenzaron a reunirse para honrar al recientemente fallecido Hu Yaobang, el ex secretario general del partido comunista con ideas reformistas. Los estudiantes comenzaron a pedir una serie de reformas al partido comunista chino (PCCh), recibiendo un gran apoyo en Beijing y en el resto del país. Protestas similares se repitieron en 400 ciudades de toda China.

El 4 de junio, el régimen chino utilizó al Ejército Popular de Liberación para acabar con las protestas. Hasta ahora no se ha logrado recontar exactamente el número de muertos. Se cree que han muerto miles en la Plaza Tiananmen y en las áreas cercanas de Beijing.

En este, el vigésimo aniversario de la masacre de la Plaza Tiananmen, La Gran Época le pidió a tres participantes de los eventos que cuenten sus historias: Nian Hu era una periodista que estuvo en el momento en que los soldados atacaron; Yuan Tien era un profesor universitario en Xi’an; y Chen Yonglin, quien luego tendría una carrera diplomática dentro del PCCh antes de desertar, era un estudiante haciendo una pasantía en Beijing con la NBC. Los tres viven actualmente en Sydney, Australia, donde fueron entrevistados por La Gran Época.

 

Nian Hu: Testigo de la matanza

 

La ex periodista china Nian Hu. (Don Robertson/La Gran Época)
La ex periodista china Nian Hu. (Don Robertson/La Gran Época)

 

La ex periodista china Nian Hu. (Don Robertson/La Gran Época)
Antes del 14 de junio, era periodista en una revista. En los primeros meses de 1989 participé en un montón de foros políticos. Había tantas cosas ocurriendo que el régimen no tenía esperanzas de controlarlas todas. Había grandes marchas a las que asistían todo tipo de personas influyentes, desde celebridades hasta periodistas de China Central TV (CCTV).

Cuando se desarrolló el movimiento de la Plaza Tiananmen, los estudiantes formaron piquetes con sus cuerpos y enormes banderas , y uno tenía que pasar por puestos de control. Estaban en huelga de hambre, ese era su baluarte, y les preocupaba que agentes del gobierno se infiltraran en la plaza. Yo tenía una credencial de periodista así que pude llegar al centro de la Plaza Tiananmen, al Monumento a los Héroes del Pueblo, donde estaban los líderes de los estudiantes.

Gente de todo Beijing apoyaba el movimiento trayendo comida y agua. Así que las personas en las capas más externas de la seguridad comían muy bien, y la comida también llegaba a los líderes que estaban en el centro, pero quienes estaban en el medio tenían bastante hambre. Eran tan jóvenes, ¡era imposible que hicieran todo bien!

El régimen pronto endureció su postura. Había anuncios de que el movimiento era irracional, que estaba controlado por poderes extranjeros, que era contra el gobierno. Exigían que todos regresaran a las universidades y dejaran de participar, y daban un mes como fecha límite para obedecer. Se promulgó la ley marcial, pero no tuvieron manera de aplicarla.

Estudiantes de muchos lugares llegaban a raudales a Beijing, y muchos no sabían qué hacer al llegar. El sistema de líneas de seguridad se desbarató y pronto las cosas se escaparon del control de los líderes estudiantiles. Los líderes estudiantiles tampoco sabían hacia dónde ir, qué deberían pedir.

Soldados y vehículos militares también estaban llegando a la capital, pero los residentes locales bloquearon las calles de los alrededores y no los dejaron pasar. Así que comenzaron a llegar vestidos de civil, con órdenes de conseguir llegar a Tiananmen. Pero los residentes podían identificarlos a simple vista y siguieron deteniéndolos. En ese entonces no teníamos teléfonos celulares, pero la información llegaba a los líderes estudiantiles y estos daban las órdenes, como por ejemplo, “hay un montón de soldados llegando desde esta dirección”, y entonces ellos enviaban más gente allí.

Los primeros días de junio me enteré por amigos con buenas conexiones que iba a ocurrir algo grande. Les dije a los líderes estudiantiles que el PCCh estaba planeando algo grande y que se derramaría sangre.

En ese entonces la plaza estaba casi vacía durante el día, ya que la mayoría de los estudiantes iban a los puestos de control en las calles y volvían a la plaza a comer y dormir. Habían llegado tiendas de campaña de Hong Kong, y había baños portátiles.

En la noche del 3 de junio, olas de estudiantes regresaron a la plaza para cenar y descansar. El ejército había rodeado la plaza, y los soldados llevaban ametralladoras. Los líderes estudiantiles transmitieron el mensaje de permanecer en la plaza y no regresar a los puestos de control, así unidos tendrían más fuerza. Pero un montón de estudiantes no creyeron que iba a ocurrir algo grande.

Algunos tenían compañeros esperándolos en los puestos de control y no querían que pensaran que se habían echado atrás. También era difícil hacer llegar el mensaje a todos.

Los mismos líderes estudiantiles tenían grandes discusiones sobre qué hacer. Algunos pensaban que debían estar dispuestos a derramar su sangre, y no temer a la muerte. Otros querían reunirse con el régimen y discutir. Mucha gente pensaba que el ejército se instalaría en la plaza, pero pocos creían que el PCCh dispararía a matar.

Pero yo nunca lo dudé. Era algo mayor que ellos y sabía que el PCCh era capaz de hacer cosas horribles.

Alrededor de las 22:30hs de la noche del 3 de junio, fui a Muxudi, un lugar cerca de la Plaza Tiananmen ubicado dentro de la barricada de los estudiantes. Debido a su posición táctica, se comentaba que sería el primer lugar a donde se dispararían las balas. Está a la entrada del camino Chang’an, una calle ancha que lleva directo a la Plaza Tiananmen.

Un hombre ubicado a unos dos metros mío estaba en una bicicleta mirando por encima de una barricada de bicicletas, al otro lado de donde se habían reunido miles y miles de tropas. Se oyó un disparo, y el hombre cayó al suelo.

“¡Oh, dispararon un arma!”, escuché que dijo alguien. “De ninguna manera, él sólo se cayó”, dijo otro. “¡No, está sangrando, está herido!”

Comenzaron a sonar más disparos. Deben ser balas de goma, especulaba la gente. “No estén de pie, pueden dispararles”, dijo alguien. Alguien le restó importancia, “es sólo su brazo, está bien, no se preocupen”. Nadie realmente creía lo que estaba sucediendo.

Los disparos continuaron, pero era difícil saber lo que estaba ocurriendo adelante. Estábamos todos a la misma altura y estaba oscuro. Pero pronto comenzaron a llevarse cuerpos tras cuerpos, otros rengueaban o se los ayudaba a caminar.

Me aferré a mi cámara y estaba a punto de comenzar a tomar fotografías cuando un hombre me agarró y me miró a los ojos, “Señorita, ¿quiere morir?” Le dije, “¡Quiero tomar fotos!” “No, es muy peligroso”, dijo.

Señaló un área de viejos árboles con troncos gruesos cerca de un canal. Detrás de cada árbol había una línea de personas protegiéndose de las balas. Uno caía, se lo llevaban. Luego otro. Luego otro. Sin parar. Cuando alguien gritaba “¡fascistas!” o “¡destruyan al PCCh!”, o cada vez que se veía el flash de una cámara, allí se dirigían las balas. “¿Ves eso?”, me dijo el hombre. “Si tomas una foto, ¿no nos dañas a todos?”

Oímos el sonido de bicicletas destrozadas cuando los tanques pasaron por sobre la barricada. Los soldados tomaron las bicicletas y las arrojaron al río. Las balas rebotaban en las paredes de concreto del canal, y no eran de goma. Una chispa se encendió cuando una bala cayó a un metro de mi pie.

Alrededor de las 2:30 de la madrugada salí de Muxudi. Tomé algunas fotos de los heridos y los muertos. La maldición se había detenido, y no había flashes de cámaras, solo el sonido de balazos y sollozos apagados. En todos lados la gente miraba en silencio. El canal estaba lleno de bicicletas destrozadas, algunos vehículos del ejército habían sido atacados e incendiados, y el aire estaba lleno del olor a goma quemada.

No soportaba mirar. ¿Qué le había pasado a mis amigos? ¿Qué estaba ocurriendo en la Plaza Tiananmen?

Cuando llegó la luz del día, aviones sobrevolaron la zona con altoparlantes repitiendo anuncios del régimen: “La ley marcial ha sido promulgada. No sean embaucados por los Baotu” (una referencia a los manifestantes, literalmente: “seguidores de la violencia”).

Por tierra, los soldados arremetían contra la Plaza Tiananmen. “¡Luchen con coraje!”, tronaban los altoparlantes a las tropas. “¡No teman! ¡Cumplan las órdenes! ¡El régimen está orgulloso de todos ustedes!”

Nian Hu fue arrestada, interrogada y estuvo detenida durante 20 días. Hay mucho más para contar de su historia, por ejemplo, cómo hizo para evitar una sentencia a prisión. En junio de 1990 salió de China y fue a Australia, donde vive desde entonces. Su pseudónimo significa “Recordando a Hu”, en referencia a un amigo fallecido que la ayudó durante su arresto.
Yuan Tieming: Rechazando al PCCh

 

El ex profesor universitario Yuan Tieming. (James Burke/La Gran Época)
El ex profesor universitario Yuan Tieming. (James Burke/La Gran Época)

 
El ex profesor universitario Yuan Tieming. (James Burke/La Gran Época)
Yo solía criticar al PCCh pero aún creía que podía cambiar para mejor. Pensaba que con un buen líder, como Hu Yaobang o Zhao Ziyang, se podría reformar y seguir un camino democrático.

Quedé desolado con la muerte de Hu Yaobang: yo pensaba que se había ido la mayor esperanza de China. Cuando los estudiantes lo recordaron con grandes carteles, poemas y flores en las oficinas gubernamentales locales, yo apoyaba mucho lo que estaban haciendo. Eso fue en abril de 1989.

Al principio solo estaban recordando a Hu Yaobang, pero pronto los estudiantes de Beijing realizaron manifestaciones criticando al PCCh por su corrupción y demandando un cambio. Los estudiantes de Xi’an realizaron marchas similares. Los líderes universitarios los apoyaban mucho y yo diría que un 70% de los profesores participó. Todas las estaciones de TV informaron sobre ello.

Todas nuestras pancartas apoyaban al PCCh. Pedíamos un cambio, una mejora, terminar con la corrupción. Pero nuestras actitudes cambiaron cuando el 25 de abril promulgaron la ley marcial. Comenzamos a perder la esperanza en el PCCh. Nuestros lemas comenzaron a atacar a Deng Xiaoping. Él era el líder; él era el dictador; la culpa era suya.

Un montón de miembros de PCCh con credencial, yo incluido, comenzamos a protestar abiertamente como miembros del PCCh. Pensábamos que eso presionaría más al régimen. Enviábamos telegramas a Beijing y firmábamos con nuestras membresías.

La comisión del partido comunista en la universidad comenzó a tratar de detener a los estudiantes y profesores para que no participaran de las manifestaciones. Incluso cerraron con llave las puertas de la universidad y no dejaban que la gente saliera, pero los estudiantes se abrieron paso e igualmente participaron. Yo seguí participando.

Cuando ocurrió la masacre en Beijing el 4 de junio, todos perdimos completamente la esperanza en el PCCh. Durante los siguientes ocho días realizamos manifestaciones diarias. Cada día que salíamos nos preparábamos para morir; sabíamos que podríamos no regresar.

Pero no se dispararon armas en Xi’an. El régimen emitió la noticia de que si alguien volvía a participar, sería arrestado. Todos los estudiantes regresaron a sus ciudades. Yo también fui a la casa de un familiar.

Un equipo de 11 policías fue designado permanentemente en la Universidad del Noroeste, y varias personas fueron sentenciadas a la cárcel o a los campos de trabajos forzados. Cada estudiante y profesor tenía que reportar lo que había hecho durante los meses anteriores. Durante dos semanas la policía venía todos los días a mi casa y me amenazaba. Me decían que si no les daba nombres, iría a la cárcel. Pero yo solo les dije lo que ocurrió en público, no lo que ocurrió detrás de escena.

Escribí tres reportes, cada uno con alrededor de 7.000 palabras. Dije que había sido engañado por Zhao Ziyang y embaucado por los periódicos. Critiqué la liberalización del mercado y me critiqué a mí mismo. Colmé de elogios al PCCh. Todo era mentira. Fue muy difícil de escribir. Tenía que demostrar que había cambiado de parecer.

Al final la comisión del partido dejó de molestarme. Los líderes universitarios también hicieron lo mejor por protegernos.

Hoy hay potencial para que ocurra nuevamente. Ahora hay un conocimiento sobre la democracia mucho mayor entre el pueblo chino, y hay muchos más movimientos de protesta. Pero el PCCh también controla todo mucho más de cerca.

Ahora realmente entiendo que si China quiere cambiar, debe rechazar completamente al PCCh. Siempre que llamo a gente en China les digo que no tengan ninguna esperanza en el PCCh, y que renuncien al PCCh.

A las muchas personas en países occidentales que en ese momento simpatizaron con nosotros, les agradezco profundamente. El 4 de junio no los afectó, y sin embargo se preocuparon. Gracias.
Chen Yonglin: A Plaza Tiananmen y regresar

 

El ex funcionario del consulado chino en Sydney Chen Yonglin. (James Burke/La Gran Época)
El ex funcionario del consulado chino en Sydney Chen Yonglin. (James Burke/La Gran Época)

Durante el mes anterior a la masacre de la Plaza Tiananmen el 4 de junio de 1989, Chen Yonglin era un estudiante universitario haciendo una pasantía como traductor con la cadena de TV norteamericana NBC.

Inicialmente, el equipo de la NBC con el que él trabajó estaba cubriendo la noticia de la visita del entonces presidente soviético Mikhail Gorbachev. Sin embargo, Chen y el equipo del noticiero quedaron inmersos en la historia sobre el movimiento masivo de estudiantes en la Plaza Tiananmen de Beijing.

En los momentos previos a la masacre, Chen vio muchas cosas, tales como la huelga de hambre de los estudiantes y la evidencia de intentos anteriores del régimen chino por sacar de la plaza a los activistas democráticos.

En la noche del 3 de junio, fue a la plaza para mostrar su apoyo a los activistas y escuchar una conferencia sobre democracia en la primera y última sesión de la “universidad democrática Tiananmen”.

“Mientras escuchábamos el discurso, los disparos habían comenzado en los suburbios”, contó Chen a La Gran Época. A las 23hs un grupo de 20 a 30 soldados emergieron de una estación de trenes cercana y él se unió a los estudiantes, vecinos y manifestantes que unieron sus manos en un esfuerzo por impedir que los soldados avanzaran. Estos se detuvieron, pero Chen dice que era evidente que estaban esperando nuevas órdenes.

Antes de regresar al Hotel Palace donde se estaba albergando con NBC, vio que una gran cantidad de militares y policía antimotines se había desplegado y estaba lista para actuar.

No mucho después, las tropas y los tanques del Ejército Popular de Liberación aplastaron violentamente el movimiento pro-democrático en Tiananmen.

La primera visión de Chen de la plaza el 4 de junio fue temprano a la mañana desde el techo del Hotel Palace.

“Había humo por todos lados y la Plaza Tiananmen estaba despejada, solo había tanques”, dijo.

El 5 de junio las autoridades del régimen cancelaron su pasantía y lo enviaron de vuelta a su universidad.

“Después del 4 de junio… de vuelta en la universidad, todavía podía escuchar los disparos”.

Luego de su “reeducación”, Chen se unió a los cuerpos diplomáticos y eventualmente lo designaron cónsul de asuntos políticos para el consulado de la R.P. China en Sydney.

Desilusionado por las actividades del consulado contra grupos pacíficos, tales como Falun Gong, pidió asilo político en mayo de 2005. El 4 de junio de ese año dejó de esconderse y asistió a una manifestación en Sydney para conmemorar el 16º aniversario de la matanza de la Plaza Tiananmen y fue noticia de tapa por su discurso público describiendo las actividades de espionaje de la R.P. China dentro de Australia.

 

  http://www.lagranepoca.com/articles/2009/06/04/3209.html

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