Mi primera experiencia lésbica

Era verano, exactamente principios de Julio, yo entonces tenía 39 años, estaba felizmente casada, con dos hijos, con un buen empleo, que conservo, y una vida que podría considerarse plena. Si bien, mis relaciones matrimoniales no pasaban por la mejor época, pues se habían enfriado bastante, tal vez por culpa de ambos.

Yo hacía tiempo que había empezado a fantasear con el sexo con mujeres, y frecuentaba una página de relatos lésbicos, donde encontré experiencias reales de mujeres contadas por mujeres. La verdad es que estos relatos además de animar mi libido, animaban mis fantasías y mis deseos por probar como seria estar con otra mujer.

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Estando, pues en este estado anímico, era cuestión de tiempo y de oportunidad que pasara lo que paso, y que voy a relataros.

Aquel viernes de principio de Julio, coincidió que mis dos hijos estaban en Inglaterra de campamento y mi esposo se acababa de ir a Estados Unidos por trabajo, al menos 12 días. A las dos de la tarde abandone el despacho, despidiéndome hasta el lunes, pues hacíamos jornada intensiva, con un fin de semana solita para mi, para el que no había hecho planes, más allá de descansar, leer, aburrirme y tal vez ir a la playa el sábado, si finalmente me apetecía.

Cuando llegue al portal de mi casa, coincidí con mi vecina Irene, una mujer espléndida, en toda su extensión, guapa, exuberante, provocadora y con un halo de suficiencia y simpatía que lo llenaba todo. A sus 41 años, estaba en toda su plenitud, y no pude dejar de fijarme en ella, y porque no decirlo, en su generoso escote.

Irene iba cargada con la compra, con un montón de bolsas, pues acababa de llegar de viaje de Argentina, donde había permanecido los últimos cinco meses. Enseguida me ofrecí a ayudarla con la compra, ayudándole a entrarla en su casa. Irene agradecida, me ofreció primero una cerveza y luego, cuando supo que estaba sola, a comer con ella.

La verdad, es que la invitación me seducía más que comer sola y tumbarme en el sofá. Delante tenía un fin de semana en la que nada tenía que hacer, pues hasta mis amigas se irían fuera de Valencia. Por otra parte, Irene a la que después de casi diez años viviendo en la finca conocía tan solo de saludarnos en la escalera o el ascensor, me producía una morbosa atracción, pues veía en ella una mujer liberada y sin duda “muy vivida”, tal vez por esa seguridad que emanaba o por la sensualidad de su forma de vestir.

Así que cuando insistió decidí aceptar, con la condición de que me dejara cinco minutos para subir a refrescarme y cambiarme de ropa, iba demasiado formal, y que me dejara ayudarle a preparar la comida.

Subí a mi casa, me notaba ciertamente nerviosa, notaba un cierto cosquilleo en el estomago, aquella mujer, no me era indiferente, sencillamente, me atraía.

Me di una ducha rápida y me puse un vestido blanco, tipo ibicenco, de algodón de tirantes, con botones en la pechera y falda con vuelo, bastante por encima de la rodilla. Me puse unas braguitas blancas, pequeñas y sexys, no me atreví a ponerme tanga, y me puse un sujetador a juego. Aunque estuve comprobando como me sentaba sin sujetador, y en casa siempre lo llevaba así, me pareció un poco provocativo y me dio vergüenza.

Cuando baje, Irene, también se había duchado y llevaba una minifalda vaquera de infarto y una camiseta negra de tirantes, sin sujetador, que al agacharse me mostraba generosamente sus atributos. He de decir que gastaba una 100, mientras que yo en aquella época gastaba la 90, hoy, con los kilitos ganados, una 95. Bueno, a lo que iba, ella me impacto, aunque con la cara que me miro supe que no le disgustó lo que vio.

Preparamos la comida y estuvimos charlando animadamente, me contó que ella vivía de rentas, gracias a sus padres que le habían dejado una participación en una empresa familiar bastante grande que gestionaba un tío suyo, y que ella solo se preocupaba de cobrar los beneficios del negocio y el alquiler de las naves que ocupaban, que eran de su propiedad.

Cuando le pregunte por su dilatada estancia en Argentina, me contesto que había tenido una relación allí, pero que había terminado y había decidido volver. Lamenté que no le hubiera salido bien e hice un estúpido comentario del tipo “él se lo pierde”. Ella mirándome, me giñó el ojo y me contestó, “él no, ella”. Creo que me puse toda roja y no sabía cómo disculparme. Ella sin embargo, trato el tema con mucha naturalidad, y me dijo que no me preocupara, que ella era lesbiana, y pensó que por chismorreos de escalera yo lo sabría, y que si me importaba. Le conteste que claro que no me importaba y que la verdad no prestaba oídos a los chismes de escalera, así que ni lo sabía, ni me hubiera importado.

Irene, se ofreció a enseñarme fotos de su viaje, y entre ellas, me mostró las de su ex pareja. Cuando la vi, no pude dejar de exclamar, “¡tienes buen gusto! ¡Es un bombón! Y era cierto, las fotos mostraban una mujer algo más joven que Irene, entorno a los 35 años, alta de más de 1,80, con una larga cabellera rubia y lacia, extremadamente guapa, con ojos azules y una esplendida figura. Irene me confirmó que era de ascendencia alemana.

Mi vista se recreó en ella, y eso no paso desapercibido a mi nueva amiga, que me preguntó “¿Te gusta, eh?. “Y a quien no”, le conteste.

I.- ¡A ver si vas a ser bisexual!

Me puse como un tomate, por lo que añadió:

I.- Era broma, pero es que te has quedado embobada.

No supe que contestar, pero Irene con mucha habilidad, una vez más, supo llevar la situación.

I.- ¿Te puedo hacer una pregunta indiscreta?
L.- Intentalo, no te aseguro que la responda.
I.- ¿Nunca has tenido curiosidad de estar con otra mujer?

No sé como lo había intuido, pero me había pillado, si no contestaba nada estaba afirmando, si decía que no, quedaría como una mojigata y una mentirosa, pues mi expresión me había delatado, así que opte por sincerarme, ¿qué podía perder?

L.- Bueno, confidencia por confidencia, y a fe de ser sincera, si que he fantaseado en muchas ocasiones con estar con otra mujer.
I.-¿En muchas?

Definitivamente iba quedando al descubierto, la personalidad y la atracción que me producía Irene, iba pudiendo con mi natural vergüenza, y pensé que era mi oportunidad de abrirme a una mujer experimentada que lejos de censurarme me comprendería.

L.- En algunas. Bueno, te confesaré que si, con cierta frecuencia tengo esa fantasía. De hecho la utilizo como recurso de excitación en mis ratos íntimos. Me gusta leer relatos de relaciones lésbicas de una página de internet, que son realmente buenos y escritos por mujeres.

Irene me cogió las manos, pues temblaba cuando le contaba esto, y me dijo: “tranquila, es normal, la mayoría de las mujeres hetero lo hacen”.

L.- Si imagino. Disculpa por ser tan mojigata.

I.- En absoluto, cariño, te agradezco tu sinceridad, así tenemos ambas un secreto que compartir.

Y continúo:

I.- Además, no sabes lo que aprenderías estando con otra mujer.

L.- No sigas o pensaré que quieres pervertirme.
I.- No me des ideas que me encantaría, eres guapísima y no tienes nada que enviar a Brigitte, la rubia de la foto, tú tienes muchos encantos.
Y me volvió a guiñar el ojo, sonriendo.

L. Calla, calla, que me ruborizo.

A partir de ese momento, percibí que Irene me miraba de forma diferente, mucho más sensual y seductora, aunque evidentemente no quiso atosigarme y cambiamos de tema de conversación logrando que me relajara y me dejara llevar por su simpatía, sus ojos verdes y su corta melena rubia que era objeto de los juegos de sus manos.

La tarde se paso desapercibida y nos acercábamos a la hora de planear la noche. Irene, me dijo que me agradecía mucho mi compañía, que le había ayudado a olvidar y que quería invitarme a cenar, que además había quedado con unas amigas que no había visto desde antes de irse a Argentina, y que no aceptaba un “no”, así que me arreglara, que a las 9:30 me llamaba para irnos.

Evidentemente, no pude negarme, y tampoco lo deseaba, más bien, una vez pasado el mal trago de mi confesión, me encontraba muy a gusto con Irene y estaba dispuesta a explotar, por una vez la vena aventurera que llevamos dentro todas las mujeres.

Así que me dispuse a sacar de mi el máximo atractivo posible, elegí un tanguita negro que guardaba para una ocasión especial con mi esposo, una falda de tubo negra que resaltaba mis hermosas posaderas y se subía irremediablemente cuando me sentaba, enseñando mis morenas y bien formadas piernas, unas sandalias de tiritas plateadas, con tacón de aguja, que seguro me martirizarían, pero que daba realce a mis piernas y mi trasero, y, por último, un top de seda estampado en colores pastel y plata, abrochado al cuello, que dejaba al descubierto toda la espalda, por lo que no podría usar sujetador.

Me maquille y me arregle el pelo, con todo esmero, como si fuera a mi primera cita. Y la verdad, así me sentía.

Cuando Irene me vio, no pudo menos que piropearme.

I.- ¡Laila, estás espléndida! No sé si podré resistirme a tus encantos.

Sonreí, y le dije, “Calla, tú sí que estás espléndida, vas a provocar algún accidente de tráfico.”

Irene se había puesto un vestido de punto negro, de tirantes, bastante escotado y a media pierna, que se le pegaba al cuerpo, dejando entrever la rotundidad de sus curvas y, especialmente, de sus senos, que se mantenían erguidos y firmes pese a no llevar sujetador. Para colmo, sus pezones se insinuaban perfectamente en la tela, otorgándole un punto más de morbo a su atuendo.

Se acerco a mi me dio dos besos, muy cerca de la comisura de los labios a la vez que me decía: “Voy a ser la envidia de mis amigas”.

Para mi sorpresa la cena fue de nosotras dos solas, según me dijo Irene, había quedado con sus amigas después a tomar una copa en un bar de ambiente, sino me importaba.

El restaurante era coqueto e intimo, con velas, buena cocina y mejor vino. Irene no escatimó, quería impresionarme, y también achisparme, y consiguió ambas cosas.

Yo me deje llevar por el ambiente relajado e intimo, Irene entre las copas de buen vino, (nos tomamos una botella enterita de tinto, y una de champagne, más la copita de fino del aperitivo), fue contándome como descubrió su inclinación lésbica, sus primeras experiencias, como conoció a Brigitte, como había sido su relación con ellas, sin omitir, intencionadamente, detalles de algunos de sus encuentros más fogosos. Yo estaba, ciertamente, excitada, tanto que le hacía preguntas que le permitían adentrarse más en los aspectos picantes de sus relatos. Sus palabras, el alcohol y la atmosfera de intimidad que habíamos creado, me hacía flotar y notaba el pinchazo del deseo en mi sexo.

Tuve que levantarme un par de veces al servicio, y no pude evitar tocarme y comprobar lo húmeda que estaba. Y definitivamente estaba dispuesta a dejarme llevar por esa noche hasta donde finalmente me llevará.

Después de cenar, Irene me llevó a un pub de ambiente, cercano, por el camino me preguntó si me importaba, le dije que no, y le di las gracias por esa cena tan especial. Me cogió del brazo y me acerco a ella y me dijo, “tú haces que sea especial”, y me dio un dulce beso en la mejilla.

Así cogidas, llegamos al pub, donde me presento a dos amigas suyas, ambas lesbianas, Patri y Mireia. Patri, de pelo negro muy corto, ojos oscuros y rasgos angulosos, resultaba atractiva pese a ciertos rasgos masculinos, y Mireia, de ojos claros y melena rubia rizada, con su ovalo redondeado y su piel blanca, parecía una muñeca. Patri era más seria, sin embargo Mireia era muy alegre y simpática, de esas personas que enseguida crean empatía con todo el mundo.

Ambas saludaron muy efusivamente a Irene y le dieron el correspondiente piquito en los labios. Cuando me presento Irene, ambas me lo dieron a mí, pensando que yo era del ambiente. Irene, se rio y les dijo, Laila es una amiga y vecina, y bajando la voz, les dijo, “creo que todavía es hetero”. Mireia, me sonrió y me dijo: “disculpa pensamos que eras un nuevo ligue de Irene”.
L.- No te preocupes. Aunque no soy su ligue, creo que lleva toda la noche tirándome los tejos.
Le conteste, bajando la voz a casi un susurro que deposite en su oreja.
Mireia, rio de una manera franca y abierta, demostrando su carácter extrovertido.
M.- Pues, cuidadin, porque a Irene no se le escapa ninguna.

Nos sentamos con ellas y tomamos un gin tonic, mientras Irene les ponía al día de su aventura en Argentina. Al cabo del rato, Irene, dio por cerrado el tema y dijo: “Agua pasada no mueve molinos”. “¡Laila, vamos a bailar!”

La seguía a una pequeña pista de baile, bastante oscura, donde varias parejas de mujeres bailaban pícaramente y de forma seductora una bachata. La música y la bebida me transportaron y me deje llevar por ese ritmo latino y sensual.

Las manos de Irene se posaron en mi cintura y acompasaron mi ritmo al suyo. Llevándome, y haciendo coincidir nuestros pasos, provocando el choque de nuestros pechos, lo que provoco una nueva subida de mi libido.

Después de varias canciones de ritmos latinos, cuando mis zapatos estaban a punto de pedirme tregua y mis piernas me temblaban no solo del baile, sonó la música de un romántico bolero, e Irene, me abrazó literalmente por la cintura para que no me escapara.

Puse mis brazos alrededor de su cuello, pues sus brazos ocupaban mi cintura, y me deje llevar.

Irene, era muy buena bailando y también seduciendo, sabía o intuía que yo estaba totalmente entregada, pero no quería dar el primer paso, quería que fuera yo.

Sus senos se apretaban contra los míos y sus muslos se intentaban abrir paso entre los míos, elevando mi estrecha falda, y creándome una corriente de deseo, incontrolable.

Junte mi mejilla a la suya y le susurre un simple: “gracias”.

En mi interior, me debatía entre las ganas de entregarme a aquella mujer, que me había hipnotizado y abierto la caja de todas mis fantasías y mi deber de madre y esposa.

Aproveche el final del bolero, para huir a la barra en busca de un nuevo gin tonic que enfriara mi calentura, Irene me siguió. Yo estaba de espaldas a ella, sentada en una banqueta a la espera de que me atendieran, ella se acerco por detrás y apoyándose levemente en mi espalda se acerco a mi oído, para decirme: “pídeme otro”.

Todavía se me eriza la piel cuando recuerdo como sentí sus pezones duros, apenas contenidos por el suave tejido de su vestido, clavarse en mi espalda desnuda. Esa sensación me acabo de rendir, desato en mi toda la furia del deseo incontenido y actúe dejándome llevar por la intuición y la lujuria.

Mis manos, se hicieron atrás y sujetaron por las caderas a Irene contra mi espalda, evitando su retirada, y forzando el lascivo contacto de sus pechos contra mi espalda. Irene, comprendió que había claudicado y me abrazo, de forma que al hacerlo sus manos rozaron sensualmente la parte de debajo de mis senos.

Gire la cabeza y la mire, con toda la carga de deseo contenido, que llevaba desde que la vi esa mañana en el patio. Me miro, me miro los labios, me volvió a mirar y finalmente me beso, el beso más dulce y sensual que me habían dado en toda mi vida.

Le entregue mis labios, mi lengua y me volví para poderla abrazar contra mi pecho y que pudiera sentir mi deseo desesperado, la dureza pétrea de mis pezones y la respiración agitada de mis senos.

Me cogió de la mano y prácticamente me arrastro fuera, a penas pudimos despedirnos de Patri y Mireia, la cual, por cierto, al vernos cogidas de la mano, me dirigió una sonrisa y un elocuente guiño.

Irene, me llevo a su casa y me hizo el amor, con mayúsculas. Me enseño a disfrutar del sexo como no lo había hecho nunca y me descubrió todo aquello que nos estaba velado a las hetero.

Ella fue la primera y, sin comparar, posiblemente fuera la mejor, tampoco he tenido tantas. Con ella aprendí que mis deseos y fantasías formaban parte de mi sexualidad y no de mis sueños, y provocó un cambio irremisible en mi vida.

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8 thoughts on “Mi primera experiencia lésbica

  1. vanessa

    Comentario hoy he leido este relato, y me he mojado, mucho, me gustaria, haber sido una de las protagonistas, y alfinal he tenido que autosatisfaceme yo sola, ya que no tenia pareja en estos momentos, pero tuve unos de los mejores orgasmos de mi vida

  2. He leido tu primera experiencia pues soy un hombre y con familia tengo mujer e hijas, pues creo que esto de la sexualidad es cosa de tabu en nuestras costumbres, algunas tradiciones, y otras no dejan que la naturaleza se desarrolle puesto que he tenido curiosidad de primero que nada ver a dos mujeres en caso de lesbianismo y segundo estar con ellas compartiendo puesto no soy ningun experto ni conocedor y creo que la falta de experiencia o de conocimiento me lleva a tener estos deseos que he dicho me alegra mucho de ustedes puesto que han tenido la libertad de hacerse sentir amadas, siendo liberadas y tambien que han ayudado a otras u otros a conocer eso que solo es una fantasia y a conocer todo lo que es el arte de amar y sobre todo ser protagonista sindo y sentirse amado. algunas de ustedes me podria decir que es posible exista un trio entre una lesbiana una mujer y un hombre de como seria una relacion, como aventura como para sanar esos deseos y descubrirse o bien de exaltarse de lo que es tradicional.

    gracias.

  3. Soy una mujer madura atractiva y eterosexual, sin embargo desde hace unos dias tengo la fantasía de una experiencia lesbica, sería por única ves pido mucha discreción y experiencia de quien me quiera contactar pues sería mi primera y como dije antes única ves vivo em México d.f.

  4. cristy

    Me encanto yo tengo 22 y estuve casada x seis años pero mi mejor orgasmo me lo causo una mujer y sin tocarme solo me hablaba x telefono y su voz y forma de seducir fue genial , no puedo negar lo exitada qe estoy yo no me he atrevido a llevarlo a cabo tiemblo cada vez qe ella propone un encuentroo.

    Si me pueden dar consejos como superar el nervio lo agradecere, cristy_ag91@live.com

    PD: UNA MUJER SEDUCE MEJOR QUE UN HOMBRE HAHAH NO LE DIGAN A ELLOS

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