Indicaciones de peligrosidad por Francisco Arias Solís

INDICACIONES DE PELIGROSIDAD

“De la manera más tonta
y cuando menos se espera
es cuando pasan las cosas.”
José Bergamín.

SE DEBEN LEER LAS ETIQUETAS DE LOS PRODUCTOS DOMÉSTICOS

Lejías, ácidos, detergentes o plaguicidas son sólo algunos de los productos peligrosos que se pueden encontrar en cualquier hogar. Todos ellos suelen tener además de instrucciones que facilitan su uso adecuado, informaciones sobre los riesgos que conllevan. Sin embargo, una buena parte de los ciudadanos desconoce los símbolos o bien no los identifica claramente. Pero además de estos símbolos, los fabricantes deben incluir las frases obligatorias de advertencias de riesgo, tal como obliga la normativa.

Las casas no son precisamente un oasis exento de riesgo para sus moradores. La mayoría de los accidentes que se producen diariamente tienen lugar en ellas y afecta fundamentalmente a los niños. Entre estos accidentes tienen una gran importancia los provocados por la utilización de productos domésticos peligrosos. Según los datos del Sistema Comunitario de Información sobre Accidentes en el Hogar y del Tiempo de Ocio (EHLASS), el 25% de las hospitalizaciones de accidentes tuvieron como causa las intoxicaciones o envenenamientos. Las mujeres y los niños ente uno y cuatro años, son los principales afectados.

El conocimiento y la precaución son, pues, armas importantes para evitar los riesgos que conlleva el uso de estos productos.

Aunque en el etiquetado de los envases se incluyen las indicaciones de advertencia oportunas, no todo el mundo las conoce o identifica correctamente. Este es al menos el resultado de una encuesta realizada por la Confederación de Organizaciones Familiares de la Comunidad Europea (COFACE) en ocho países europeos. En España la encuesta la realizó la Federación de la Unión Cívica Nacional de las Comunidades y Amas de Hogar de España (UNAE).

De los resultados de la misma destaca que aunque la mayoría de las personas consultadas ha estado en contacto con productos peligrosos e incluso un 8 por ciento declara haber sufrido algún accidente con ellos en los últimos cinco años, sólo el 3 por ciento de los encuestados conoce el significado de todos los símbolos de advertencia de peligro que figuran en el etiquetado de los productos. De cualquier forma, las personas que utilizan más habitualmente estos productos –quienes se ocupan de la casa, cuidan el jardín o se dedican al bricolaje- suelen tener un conocimiento exacto del riesgo que implican estos productos.

Hay, sin embargo, algunos símbolos que sí parecen ser muy conocidos. El 87,4 por ciento reconoce el símbolo de los productos inflamables; el 77,9 por ciento, el de los productos tóxicos y el 73,3 por ciento, el de los corrosivos. Por el lado contrario el símbolo menos conocido es el de los productos que pueden causar irritación.

Este desconocimiento de las indicaciones de peligrosidad coincide con el hecho de que un tercio de las personas cree que las indicaciones de seguridad no permiten hacerse una idea real de los riesgos que entraña el uso de determinados productos y una cuarta parte opina que son difíciles de comprender. Pero, otra parte, casi la mitad considera que estas informaciones son fiables y que son incluso más eficaces que las que se refieren al modo de empleo del producto.

Del estudio también destaca que la mayoría de la gente dice leer las etiquetas en el momento de la compra, pero no las lee cuando se va a utilizar el producto, que es cuando deben tomarse las precauciones fundamentales. Y es que como dijo el poeta: “Cuando estés a mi lado / me leerás lo que ya sabes… / y así se concluirán / de una vez todos mis males”.

Francisco Arias Solís
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La protección de la salud por Francisco Arias Solís

LA PROTECCIÓN DE LA SALUD

“El cariño y la salud
en un punto se parecen.
Nadie sabe lo que valen
hasta después que se pierden.”
Manuel Machado.

UN DERECHO SOCIAL BÁSICO

El derecho a la protección de la salud es un derecho social básico reconocido por nuestra Constitución, y es una prioridad porque forma parte del Estado social y democrático de Derecho.

En el Estado social los principios rectores marcan el hilo conductor de la actuación de los poderes públicos para que exista un mínimo de coherencia entre el objetivo a conseguir y los resultados obtenidos.

La efectividad de este derecho a la protección de la salud no se consigue con la inhibición de los poderes públicos sino que requiere una actuación tutelar en dos frentes bien definidos. Uno, mediante el desarrollo de medidas y actuaciones preventivas que eviten la enfermedad, que luchen contra el deterioro de la salud y que mantengan la calidad de vida de los ciudadanos. Otro, centrado en una actuación directamente prestadora de servicios, mediante la organización de los recursos necesarios, para que cuando surja la enfermedad pueda y deba ser combatida con todos los medios disponibles y las ciencias idóneas.

Sin embargo, el Estado social viene padeciendo desde hace tiempo no pocas ofensivas. Las conquistas sociales alcanzadas en la segunda mitad del siglo XX en el mundo occidental, comienzan a ser cuestionadas por los neoliberales, que argumentan que la sobrecarga del Estado es la responsable de la crisis económica que en los últimos años han padecido muchos países de forma más o menos profunda. Pero una sociedad sin derechos económicos y sin derechos sociales, regida exclusivamente por el principio de la libre competencia, será conducida de nuevo a una sociedad con enormes diferencias y antagonismos de clase que explotaría por sí misma tarde o temprano.

La Ley General de Sanidad al establecer el principio de universalización de las prestaciones proporcionó un marco jurídico a las demandas de la población, pero también responsabilizó al Sistema Nacional de Salud de atender sin acepción a todos los ciudadanos en sus necesidades y derechos.

En la actualidad, hay propuestas extremadamente peligrosas que suponen la quiebra del principio del Sistema Nacional de Salud como asegurador universal. Estas propuestas, basadas en la libertad de elección entre entidades aseguradoras, no toman en consideración los costes de solidaridad y, además, introducen incentivos para la selección de riesgos. La pretendida libertad de opción del ciudadano o consumidor acabaría en la libre elección de las compañías privadas que serían, finalmente, las que elegirían a sus clientes. Estas propuestas prometen mejoras inmediatas para una mayoría de la población, pero ocultan negativos efectos futuros.

En sanidad no funcionan los esquemas del libre mercado. El libre mercado en el aseguramiento sanitario crea situaciones de gran injusticia y además existen ejemplos de cómo los recursos se utilizan mal, el consumo inútil aumenta y los ciudadanos desconfían y acuden masivamente a reclamar a la Justicia. Y es que, como dijo el poeta: “Al fin y al cabo no tienes / en dónde caerte muerto. / Por eso, al fin, no te caes / y, al cabo, sigues viviendo”.

Francisco Arias Solís
Investigar los crímenes del franquismo no es delito.

“¡España al revés: corruptos y fascistas juzgan al juez!”

http://www.elpais.com/articulo/espana/Asociaciones/familiares/victimas/convocan/concentracion/apoyo/Garzon/elpepuesp/20100408elpepunac_2/Tes

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Lo que el fuego se llevó por Francisco Arias Solís

LO QUE EL FUEGO SE LLEVÓ

“La muchacha de lágrimas
se bañaba entre las llamas
y el ruiseñor lloraba
con las alas quemadas.”
Federico García Lorca.

LAS PÉRDIDAS PRODUCIDAS POR LOS INCENDIOS

Los incendios producen en la industria y el comercio español, anualmente una pérdidas de muchísimos millones de euros. Estas pérdidas afectan sobre todo a las empresas siniestradas, pero también toda la sociedad sufre por ellas.

En España se producen anualmente unos 25.000 incendios. Algo menos de la tercera parte (un 32 %) son incendios forestales. Entre los otros incendios destacan los producidos en edificios y dentro de estos, los edificios destinados a vivienda, en segundo lugar, los ocurridos en el sector de transporte, y por último los incendios en industrias y almacenes. Muchos de los incendios producidos en edificios destinados a vivienda se inician en establecimientos comerciales ubicados en ellos, o bien, los comercios son afectados por los incendios originados en las viviendas.

Cada día aparecen noticias de incendios muy escuetas que solamente dicen que las pérdidas han ascendido a una cifra estimada en aquel momento y que la causa del incendio ha sido identificada. En estos primeros informes no se cuentan las pérdidas directas e indirectas, ni las víctimas, muertos o heridos, ya que la pérdida de la vida de una persona es incalculable.

Los incendios, además suelen tener importantes efectos sobre la comunidad, sobre todo si las entidades siniestradas son actividades industriales o comerciales de gran interés para la comunidad. Las evaluaciones de los bienes y propiedades industriales tienen efectos a largo plazo que no suelen ser consideradas en las primeras estimaciones de las pérdidas causadas por los incendios.

Las pérdidas de una empresa afectada por un incendio son muy variables: Pérdida de empleados, especialmente los cualificados que buscan otro trabajo; pérdida de clientes y de confianza de los accionistas; pérdida de ganancia sobre inversión de capital y de situación de riesgo de crédito; gastos de retener personal clave mientras la empresa está fuera de producción; embargo de pagos de seguro por parte de los proveedores; costes de demolición y derribo; costes de reconstrucción de edificios y naves; gastos fijos durante el tiempo de paro; costes de alquiler de instalaciones temporales; pérdidas de archivos e informática almacenada; pérdida del poder producir ingresos por patentes, marcas registradas, etc., pérdida del valor de la publicidad hecha anteriormente; imposibilidad de defenderse contra reclamaciones injustas debida a la pérdida de archivos y registros, etc., etc.

La empresa y los trabajadores no son los únicos “perdedores” como resultado de un incendio: la comunidad entera sufre. Entre las principales consecuencias cabe destacar: Pérdida de empleo, pérdida de circulación de dinero de los empleados; aumento de las cargas de compensaciones de desempleo, pérdida de negocios de los proveedores con materias primas y servicios a la empresa siniestrada y pérdida de impuestos sobre los terrenos y propiedades destruidas.

Las pérdidas indirectas puede obstaculizar la reapertura de una empresa después del incendio si no está asegurada adecuadamente.

En la localidad se sufren pérdidas tanto económicas como emocionales. Los trabajadores obligados a estar en paro y que no encuentran nuevos empleos pueden trasladarse a otros lugares donde haya más posibilidad de encontrar trabajo.

Es fácil ver que las pérdidas indirectas traen consecuencias imprevisibles, y algunas de las pérdidas no se manifiestan hasta años después de haber transcurrido el siniestro. Este hecho junto con las incertidumbres y las fluctuaciones de la economía, dificultan enormemente las estimaciones de las pérdidas indirectas en términos de valores fijos.

Todo se lo lleva el fuego, pero sobre todo las esperanzas. Y no hay mayor pérdida que la de las esperanzas. Por ello, Dante escribió: “Dejad toda la esperanza, vosotros los que entráis en el Infierno”. Y otro poeta nos dijo.”Las esperanzas perdidas nadie las va a buscar, / espantadas por las llamaradas, / no se vuelven a encontrar”.

Francisco Arias Solís

La guerra es un mal que deshonra al género humano.

XIII Festival Poético por la Paz y la Libertad

URL: http://www.internautasporlapaz.org fuego

Vivir mejor para vivir más por Francisco Arias Solís

VIVIR MEJOR PARA VIVIR MÁS

“No hay más que una sola suerte:
a todos nos da la vida
lo que nos quita la muerte.”
José Bergamín.

EL NIVEL DE INGRESOS AFECTA A LA SALUD DE LOS CIUDADANOS

Las principales causas de mortalidad, son las enfermedades cardiovasculares, el cáncer y las enfermedades cerebrovasculares. Las tres juntas representan en torno al 60% de las muertes de nuestro país. Con ello se pone de manifiesto la importancia de las condiciones de vida y de trabajo y los estilos de vida en la salud de los ciudadanos.

La nueva mortalidad y morbilidad plantea la necesidad de analizar las causas sociales de las mismas. La salud no se distribuye en la sociedad de una forma aleatoria, sino que el nivel de salud de la población reproduce con bastante exactitud las diferencias socio-económicas existentes en la sociedad.

A mayor nivel de ingresos mejor nivel de salud, así la población que presenta un estado de salud bueno o muy bueno oscila entre el 44% de los que tienen bajos ingresos, pasando por el 50% de los que tienen ingresos medios, al 54% de los que tienen ingresos altos. A este respecto también conviene señalar que la causalidad de muchas de las enfermedades actuales, es fundamentalmente social.

Las estadísticas son contundentes. La probabilidad de que los trabajadores y trabajadoras no cualificados no alcancen la edad de jubilación es 2,5 veces superior al de los hombres y mujeres del grupo de profesionales, disminuyendo claramente la probabilidad a medida que se asciende en la escala social.

El gran desequilibrio interregional existente en nuestro país tiene también su reflejo en las diferencias de las tasas de mortalidad por toda causa entre las distintas Comunidades Autónomas. Cataluña es la Comunidad Autónoma con la esperanza de vida más elevada, en el momento de nacimiento, 76,88 años, y ocupa con Baleares, cuya esperanza de vida es de 75,76 años, los primeros puestos del “ranking” de la renta familiar disponible por persona. Por el contrario Andalucía y Extremadura que son las dos Comunidades Autónomas con menor renta familiar disponible por persona, tienen una esperanza de vida de 74,46 y 74,82 años, respectivamente.

No se trata tan sólo de aumentar la renta familiar disponible por persona sino también de adoptar hábitos muy relacionados con la salud, tales como, fumar y beber menos, mantenerse activo, vigilar el peso y procurar una dieta sana.

Las nuevas enfermedades colocan al sistema sanitario actual ante una situación de relativa impotencia. Las enfermedades crónicas, el estrés, los problemas psicológicos y mentales, los tumores y las enfermedades cardio-cerebrovasculares están íntimamente relacionadas con las condiciones de trabajo y de vida de las personas.

Los que tienen rentas más altas además de vivir mejor, disfrutan de una mayor salud y viven más.
La reducción de las desigualdades sociales en salud pasa por una definición de salud más social y por la articulación de una política que contribuya a eliminar los desequilibrios regionales, así como, a mejorar la calidad de vida personal y colectiva, incluyendo aspectos laborales, económicos, de vivienda, de medio ambiente, a la vez que socio-culturales. Pues en la actualidad, a pesar de la existencia de servicios sanitarios para todos, los pobres siguen viviendo menos y peor. Y es que, como dijo el poeta: “Si no he tenido en vida / en donde caerme muerto, / ¿para qué voy a querer / después de morir tenerlo?”.

Francisco Arias Solís

Si quieres la paz, trabaja por la justicia.

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salud

Sentir la alergia

SENTIR LA ALERGIA

“La primavera ha venido.
Nadie sabe como ha sido.”
Antonio Machado.

LOS PROCESOS ALÉRGICOS SE VEN AGRAVADOS EN PRIMAVERA

Las alergias son unas de las enfermedades más comunes de nuestro tiempo. Agravadas por factores como la contaminación, un importante número de españoles sufre procesos alérgicos que resurgen con especial fuerza cada primavera. Por sus efectos, y por los de los medicamentos que las combaten, pueden suponer un riesgo al conducir.

Según un informe de la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica al menos un 15% de los españoles presenta problemas alérgicos. Se trata de un problema de salud, cada vez más frecuente en los países desarrollados, que se ve acentuado en primavera por la cantidad de agentes externos que permanecen en el aire –en nuestro país son muy comunes las alergias causadas por numerosos pólenes de diversas plantas gramíneas que tienen su etapa más activa en esta época del año- y que ven favorecidos sus efectos adversos gracias a determinadas situaciones como la contaminación ambiental de las grandes ciudades. Los síntomas más frecuentes que sufren los alérgicos en la estación primaveral suelen ser la rinitis y la conjuntivitis, que afectan al sistema respiratorio y a los ojos y que pueden suponer un trastorno importante a la hora de conducir un vehículo. Los casos más graves, sufridos por un 4 o 5% de la población alérgica, pueden deparar en asma bronquial con lo que los riesgos al volante se incrementan considerablemente.

La forma de vida en las grandes ciudades está aumentando el número de agentes que producen enfermedades alérgicas, a un mayor número de personas. Además de las alergias a los pólenes –que tanto pueden ser de trigo, centeno u olivo como del césped de un parque urbano-, surgen otras a los medicamentos, al pelo de los animales domésticos, a los ácaros del polvo de las viviendas, a determinados alimentos o a algunos productos utilizados en la industria y que sufren sus trabajadores.

Mantener al paciente lo más alejado posible de los factores que causan su alergia es una de las primeras recomendaciones que hacen los especialistas. En el caso de alergia al polen, la más común, restringir las salidas al campo y mantener cerradas las ventanas de casa o del coche el mayor tiempo posible para evitar el contacto con el alérgeno son las primeras medidas a tomar. Desde el punto de vista médico, la vacuna previa a la aparición de los síntomas se revela como un tratamiento muy eficaz.

Después, en “temporada alta” habrá que contar con la medicación necesaria que ayude a paliar los efectos. Los antihistamínicos, compuestos utilizados para combatir las alergias, han ido evolucionando desde que se empezó su uso hace medio siglo. Si bien los antihistamínicos “clásicos” -que se utilizan en la mayor parte de los antigripales y a veces se recetan simultáneamente con los antialérgicos propiamente dichos- pueden producir somnolencia, cefaleas, sopor o mareos, por citar algunos efectos secundarios, los nuevos productos, manteniendo la eficacia han reducido esos efectos. Sin embargo, la respuesta a los fármacos puede variar considerablemente de una paciente a otro.

Para evitar los efectos secundarios es fundamental respetar las indicaciones del médico en cuanto al compuesto a tomar, la dosis adecuada y no automedicarse o mezclar los medicamentos entre sí o con alcohol, pudiendo ocasionar, en estos casos, un deterioro manifiesto de la capacidad para la conducción de vehículos. Y es que, como dijo el poeta: “Yo soy como un ciego / por esos caminos… / Siempre pensando en la penita negra / que llevo conmigo”.

Francisco Arias Solís

La primera condición para la paz es la voluntad de lograrla.

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