Tienda

Manualidades


www.movilplay.com

juegos en java

melodias
imagenes
logos
todo lo que necesita tu móvil

 

aqui puedes:
chatear  
 navegar revista en linea
   
tour de la web
medir tu atractivo
ver blogs 
registrate gratis
 
 

investigacion de mercado

 
 
 
 


 

 

 
 

Índice de mensajes

CARTAS A MI AMADA

     

 

“CARTAS A MI AMADA”, (2ª CARTA), por JUAN JULIO DE ABAJO

 

 

Querida Carmen:

 

 

Ayer estuve en el médico. Sus consejos no me fueron de utilidad. De ninguna. ¡Qué fácil es dar consejos y que difícil, en ocasiones, seguirlos! ¡Qué bobada y pérdida de tiempo intentar transmitir a los demás lo que está destrozado dentro de uno. Pero debía intentarlo. Como me lo aconsejabas tú. No fue eficaz. Un derroche de sutil hipersensibilidad y de dinero exclusivamente. Nunca más volveré.

 

Antes de que pase lo que, de seguro, va a pasar, quiero escribirte por última vez, pidiéndote, por favor y como un ruego, que me contestes alguna cosa, la que sea, la que te brote del corazón.

 

Durante los años que hemos vivido juntos, hay muchas cosas que no te he dicho. Cosas que, en su momento, te hubiesen llenado de alborozo. Recuerdo que algunas noches, inconscientemente lo más seguro, alargabas tu mano hacia mi cama, como para cerciorarte de que yo estaba ahí, junto a ti, a tu lado… Recuerdo cuando cogías mi rostro entre tus manos y me decías, animosamente, que no tuviera miedo de nada, que con tu protección debía ser suficiente para resurgir de los negros recuerdos… Recuerdo que velabas mis sueños como si fuera un niño y tú mi ángel protector… Recuerdo que, al principio, te disculpabas creyendo que habías metido la pata… Recuerdo tus masajes en mis pies, con aquel ungüento que tanto me aliviaba… Recuerdo las “comiditas”, como tus las llamabas, con las que buscabas mi bienestar…

 

Durante años, has buscado mi rehabilitación y mi resurgir.

 

Yo era, como bien lo expresaste en oportuna ocasión, “un hombre herido”. Ese arranque en el decir en defensa de “tu hombre” me llenó de orgullo. Era consciente de que vivía con una mujer que cualquier cosa hubiese llevado a cabo para que el bienestar retornara a mí. Y yo, aunque no lo creas, te miraba de reojo y sonreía orgulloso de estar contigo.

 

¡Pero los humanos, amada Carmen, no siempre estamos en condiciones de comprender o responder con la misma moneda a la otra persona! No es que no deseemos hacerlo; es que ofuscado tenemos el corazón y oxidado el cerebro de tanto haber sufrido.

 

Debí casarme contigo cuando lo deseabas. Contigo, amor, debí rehacer mi vida de modo y manera determinantes. Amor del bueno y a raudales debí proporcionarte, pues me estabas demostrando, casi pidiendo a gritos que formalizáramos nuestra relación. Más adelante, conviviendo juntos, te conformaste con “para mí, eres como mi marido.” No, amor. No es lo mismo. La esposa que digna es de serlo de un hombre debe ser atendida, protegida, cuidada, amada y defendida en todo instante y en lo bueno y en lo malo, según me lo inculcaron mis padres y la época que me tocó vivir. Si mi ofuscación y mis nervios no me lo hubiesen impedido, te hubiese convertido en una reina sobre un pedestal. Sencillamente, porque te lo merecías.

 

He tenido que empeorar para reconocer mis errores. He tenido que alterar tus ánimos de mujer sensata para percatarme de mi torpeza. Y ahora, cuando amanece y cada día veo más negra la caída de la tarde, lloro en silencio y a solas mis despropósitos.

 

Voy a jurarte una cosa, aunque te cueste creerlo. No había una maldad malsana en lo que te decía. No buscaba el hacerte daño conscientemente. Jamás se me pasó por la cabeza la idea de dañarte adrede y maliciosamente. Mis nervios destrozados y las cicatrices sangrantes eran la causa de que “aquel sujeto que te llamaba “vieja” y “fea”, eran los auténticos responsables. Nunca me lo perdonaré.

 

No hace mucho, una persona allegada a ti, viéndome destrozado, me dijo: “Llama a tu hijo y no a mí”. Mi hijo… Jesús es un niño de trece años que nada puede hacer por su padre. Aspiro y espero a que él no sufra lo que yo llevo conmigo, y que su vida sea más cálida de familia y amor que lo fuera la de su padre, un hombre que no tuvo suerte con las mujeres.

 

He procurado no dañar tu imagen después del suceso. Más bien por el contrario, Jesús piensa que estás fuera de la ciudad y nunca me ha hecho ningún comentario desagradable sobre tu persona. Opino que Jesús se había acostumbrado a verte, a ir por tu casa, a vernos a los dos juntos… Para él, como para mí, tú formabas parte de un terceto cuyos actos se correspondían ya a una forma natural de vivir, convivir y proceder. Mi hijo Jesús, como tu bien sabes, es un buen chico y siempre estuvo solícito contigo. Desgraciadamente, se está haciendo muy mayor y ya ni de su padre necesita.

 

Un día, llevado por la desesperación, hablé por teléfono con María José. A sus impertinencias, le contesté de modo contundente: “Carmen es hermosa por dentro, hermosa de alma y corazón, y eso a mí me es suficiente. No lo entendí así en su día, pero con clara nitidez lo percibo ahora.”

 

Te quiero porque ahora te comprendo. Y te comprendo ahora, cuando no te tengo. ¡Qué estúpidos somos los mortales!

 

Ayer, volví a oír las mismas palabras de hace años: “Una cama, un techo, picar de aquí y de allá…” Sentí lástima de mí. Y del doctor en cuestión. Y de todos los que son insensibles e incapaces de comprender lo más entendible que hay: que el hombre tropieza de continuo, pero que otra oportunidad hay que darle antes de que el deterioro sea total.

 

Estas cartas son íntimas, y así sabrás razonarlo. No me apetecería que fueran leías por cualquiera. Como diría mi madre, y tú lo sabes, “no lo comprenderán; no lo digas fuera de casa”. Es tan verdad como que tenemos un ciclo predestinado de tiempo, ¿verdad, Carmen? Gracias.

 

Con todo mi corazón y mi cariño más sincero.

 

Julio.                         

 

PD.: Si juzgas que debes contestarme, hazlo pronto. A Julio ya no le sobran las fuerzas.

 

Juan@fancyediciones.com

fancyediciones@wanadoo.es

 

 

 

ENVÍA ESTA PÁGINA A UN AMIGO
Indica su e-mail:

 

secciones web
home
noticias
mensajes
poemas
biografias
canal motor
lo + nuevo
chistes
anuncios
servicios
tienda
libro visitas
servicios web
foro
postales

links interesantes

 

 

 

Si deseas recibir en tu e-mail el boletín con las actualizaciones, registrate aqui

 

 
 
 

Número de Usuarios: online


 

"La web de la mujer actual" - ©- MMB - Barcelona - España