|
Índice
de mensajes
LIMONADA Y UNA HISTORIADE AMOR

Mientras conducía por una desierta
ruta de Indiana, vi un cartel que anunciaba limonada fría, y hacía allí me
dirigí. Esperaba encontrarme con una estación de servicio o un negocio
pequeño, pero, para mi sorpresa, era una casa. Un anciano estaba sentado
en el porche. Bajé del auto; no había nadie más a la vista. Me sirvió un
poco de limonada y me ofreció un asiento. Era un lugar muy tranquilo; no
se veía otra cosa que campos de maíz, cielo y sol.
Hablamos del tiempo y de mi viaje. Me
preguntó si tenía chicos. Le expliqué que acababa de casarme y que
esperaba tener hijos algún día. Pareció complacido ante la idea de que la
familia todavía le importaba a ciertas personas. Luego me contó su
historia. La comparto porque no puedo olvidarla.
-Hay algo especial en las familias.
Una esposa, hijos, una casa propia. La paz mental que llega cuando se hace
lo correcto. Recuerdo la época en que tenía su edad -dijo-. No creía tener
chances en el terreno del matrimonio. No tenía una gran familia. Pero
perseveré. Mis padres me querían muchísimo, y ahora me doy cuenta de que
sus intenciones respecto de mí eran buenas. Pero fue duro. Recuerdo que
muchas noches permanecía acostado en la cama pensando: "No voy a
arriesgarme a llegar a un divorcio. ¿Una esposa? ¿Una familia? ¿Por qué?".
Estaba convencido de que jamás expondría a más chicos a un divorcio.
"Durante la adolescencia, experimenté
emociones nuevas. Sin embargo, no creía en el amor. Pensaba que se trataba
solamente de amartelamiento y nada más. Tenía una amiga. En sexto grado
estaba locamente enamorada de mí. Nos daba miedo que el otro se enterara
de como nos sentíamos, de modo que nos limitábamos a charlar. Se convirtió
en mi mejor amiga. Estuvimos muy unidos durante todo el colegio secundario
-aclaró con una sonrisa-. Ella también tenía problemas en su familia.
Traté de ayudarla. Hice todo lo que pude por ocuparme de ella. Era
muy lista, y también hermosa. Otros muchachos quisieron hacerla suya. Y
como esto es entre usted y yo -agregó con un guiño-, le diré que yo
también quería hacerla mía.
"Una vez intentamos salir, pero las
cosas no salieron bien y no hablamos durante nueve meses. Hasta que, un
día, en clase, reuní el valor necesario para escribirle una nota. Ella me
contestó, y las cosas comenzaron lentamente a encarrilarse de nuevo.
Después, ella se fue a la facultad. El anciano sirvió mas limonada para
los dos. -Fue a estudiar a Minnesota, donde vivía su padre
-recordó-. Yo quería jugar a béisbol. Me rechazarían en un equipo
tras otro y, por fín, me aceptaron en uno muy pequeño, ¡también en
Minnesota! Fue tan irónico. Cuando se lo conté, ella se echo a llorar.
Empezamos a salir recuerdo que la
besé por primera vez en mi cuarto. EL corazón me latía a toda velocidad; y
tenía miedo de que me rechazara. Pero nuestra relación creció. Después de
la facultad, logré dedicarme al béisbol. Luego me casé con mi dulce
muchacha. Nunca había creído que recorrería el
pasillo hacia el altar.
-¿Tuvieron hijos? -pregunté.
-¡Cuatro! -declaró él con una sonrisa-. Los mandamos a la escuela, les
enseñamos a vivir bien; al menos de acuerdo con nuestro punto de vista.
Ahora todos son grandes y tienen hijos propios. Me hizo sentir orgulloso
verlos con sus bebés en brazos. En ese momento supe que la vida es digna
de ser vivida.
"Cuando los chicos se fueron, mi
esposa y yo viajamos juntos, siempre de la mano, como si fuéramos jóvenes
de nuevo. Vea, eso es lo hermoso que tiene. A medida que los años pasaban,
mi amor por ella siguió creciendo. Claro que
nos peleamos, pero el amor prevaleció.
"No se como explicar el amor que
sentí por mi esposa -dijo, meneando la cabeza-. Nunca nos abandonó. Nunca
murió. No dejó de hacerse cada vez más fuerte. Hubo muchos errores en mi
vida, pero nunca lamenté haberme casado con ella.
"El señor sabe lo dura que puede ser
la vida -dijo, mirándome directamente a los ojos-. Tal vez sea demasiado
viejo para entender cómo funciona el mundo de hoy, pero cuando miro hacia
atrás, estoy seguro de esto: nada es más poderoso en este mundo que
el amor. Ni el dinero, ni la codicia, ni el odio, ni la pasión. Las
palabras no pueden describirlo. Los poetas y los escritores tratan de
hacerlo. No lo consiguen, porque es distinto para cada uno de nosotros.
Mire, quiero tanto a mi esposa.
Después de mucho tiempo de estar en la tumba con ella a mi lado, ese amor
todavía seguirá ardiendo, muy brillante. Miró mi copa vacía. -Lo entretuve
más tiempo del que probablemente a usted le hubiera gustado -se disculpó-.
Espero que haya disfrutado de su limonada. Cuando siga su camino,
recuerde: quiera a su esposa y a sus hijos con toda su
fuerza, todos los días de su vida. Porque uno nunca sabe cuando puede
terminar.
Al caminar hacia mi auto, sentí el
poder de sus palabras. Se me ocurrió que aquel hombre, que yo presumía
había perdido a su esposa años atrás, todavía
la amaba con pasión. Me sentí lleno de tristeza al pensar en lo solo que
debía sentirse, con nada más que su limonada y algún huésped ocasional.
Mientras volvía a la ruta, no podía
sacármelo de la cabeza. De repente, me di cuenta de que no le había pagado
la limonada, de modo que di la vuelta. Al aproximarme a la casa, vi un
auto en el camino de entrada. Me sorprendí; alguien más se había
detenido allí. Caminé hacia el porche. No se veía al hombre por ninguna
parte. Me incliné para dejar el dinero en su silla y, por casualidad, miré
en dirección a la ventana. ¡Y allí estaba el anciano, en el medio de la
sala, bailando lentamente con su esposa! Sacudí la cabeza cuando por fín
entendí. Después de todo, no la había perdido. Ella solamente había pasado
la tarde afuera.
Han pasado tantos años desde aquel
episodio y, sin embargo, todavía pienso en ese hombre y su esposa. Espero
vivir la clase de vida que ellos vivieron, y entregar nuestro amor a mis
hijos y nietos tal como ellos lo hicieron. Y espero ser un abuelo que
baile lentamente con su esposa, sabiendo que sí, que realmente no hay
bendición más grande que el amor.
Justin R. Haskin
-de Chocolate caliente para el Alma de la Pareja-
"El amor es lo que me impulsa a hacer camino con gratitud.

|