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LA MUJER DE LA PLAYA

Sentada en la playa con su pelo cobrizo enmarcando un rostro joven, pero sin las impetuosas huellas de la adolescencia, Paula Martín, parecía formar parte de aquel hermoso paisaje. Cosa nada extraña debido a que en los últimos años Paula solía ir casi a diario, como un ritual, a la playa, sentándose en el mismo sitio junto a unas rocas, que como un milagro siempre estaban libres, esperándola. Sus manos largas y finas acariciaban, más que tocaba, un libro, una novela histórica sobre templarios, una de las pasiones de Paula.

 

Casi nunca llevaba bañador, solo un ligero vestido ciñendo su esbelta figura, porque su intención no era bañase sino leer o que le leyera porque muchas veces a Paula le pareció que la brisa le susurraba al oído las palabras del libro mientras el mar con calmada belleza agradecía su presencia  con sus brazos de olas que rompiéndose en un callado murmullo llegaba a besar los descalzos pies de Paula. Sin duda aquella playa estaba embrujada siendo ella parte de aquel encantamiento.

 

A ratos su vista dejaba las páginas del libro para perderse en el horizonte  en un punto inexistente. Los recuerdos se guardan en la mente en pequeños frascos de aromas, cada frasco una vivencia, con su olor propio del pasado. A veces dulce y fresco como los pétalos de una rosa, otras, amargos como la hiel. Era en esos momentos cuando Paula destapaba aquellos frascos.

 

Y se producía el milagro, en la mente de Paula brotaba torbellinos de evocaciones, imágenes de su vida pasando como rápidos fotogramas bajo el rumor del mar. Ella entraba como en  trance y paraba aquel carrusel en un momento determinado. Sus ojos marrones de 38 años se cerraban mientras esbozaba una sonrisa dejándose llevar por el frasco destapado, aquel día el frasco del amor de su vida.

 

Se veía correr en su bata verde de enfermera por los pasillos del hospital “los pasillos de los pasos perdidos” como diría Isabel Allende. Atendiendo una emergencia, en la eterna lucha del hombre contra la muerte. A su lado un joven doctor le daba ordenes, no era robusto como los templarios que a ella tanto le gustaba leer, pero si lo suficiente atractivo como para pasar del roce laborar al roce de los labios. Así nació el amor en Paula, sentimientos enredándose entre sentimientos, despertando su sed femenina de amar, un fuego eterno, la fogata de la vida que van quemando los cuerpos en la danza de los deseos y la pasión. Después vino el amor sereno, los besos enamorados y la paz serena del cariño y en esta época pura nació su hija, su sangre  para convertirse en su universo.

 

Paula aspiro fuerte, cerrando más los ojos. Sus labios pasaron de  la sonrisa a un mutis de amargura. Nunca supo porque se fue él ¿Por qué se termina el amor? Pregunto silenciosamente al viento y este le apretó con sus brazos más fuerte con ternura. Todo lo que existe tiene un principio y un final esto lo veía todos los días Paula en el hospital. Nacimiento y muerte se daba paso en la cadena de la existencia. Simplemente se termino el amor. No hubo peleas ni discusiones solo un día le dijo Mario “adiós Paula” y se marcho. Recordó aquellos días de oscuridad de lagrimas derramas en frías y solitarias sabanas, las miles de preguntas sin respuestas y el vació de su alma. Su hija fue la medicina, la esencia que curó su herida. Ahora era feliz de nuevo.

 

Paula se levanto y se dirigió hacia la orilla. Las olas le lamieron los tobillos, ella se agacho y acariciando el agua le dijo

-Tú pariste la vida en tu vientre y yo alivio su dolor. Por eso nos entendemos bien ¿verdad amiga?

 

El mar rugió más fuerte que nunca  y las olas la envolvieron hasta la cintura mojando su vestido, a Paula no le importo rió mirando al mar con cariño. Juntando sus manos cogió un poco de agua se la llevo a sus labios y le devolvió el beso al mar.

 

Después recogió su libro y se monto en su coche. Las palabras de su madre le vinieron a la memoria.

 

-Hija de tanto leer vives en un mundo ficticio

 

-Mamá la vida es una gran novela con millones de personajes- le contestaba ella con una sonrisa dulce.

 

Paula arranco el motor del coche y se alejo de la playa para seguir interpretando su papel en la gran novela de la vida.

 

Miguel Ángel
elric39@hotmail.com

 

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