El Rechazo

Las personas propensas al
rechazo emiten señales que dicen: "Pueden rechazarme". Aquellos que se
sienten inferiores dicen y hacen cosas que ponen de relieve su
inferioridad.
Los pesimistas se prestan a la desilusión. Todo esto me recuerda una
broma que solían hacer en la escuela para niñas a la que yo asistía.
Alguien, furtivamente, ponía en la espalda de alguna niña: "Dame una
patada". Y la pobre niña se pasaba el día preguntándose por qué muchos
se reían cuando ella pasaba.
Así es como muchos de nosotros
actuamos en la vida. Tal vez sin que lo sepamos, pero de forma
evidente para los demás, llevamos carteles que dicen: Rechazame o
Hazme enfadar o Desilusioname.
Algunas personas parecen tener
botones. A juzgar por su conducta, es como si estuvieran diciendo:
¿Quieres un poco de sentimiento de culpa? Pues bien, aprieta el botón
superior. ¿Quieres autodesprecio? Prueba con el del medio. ¿Quieres
ver un poco de ira? Oprime el botón inferior. Siempre responderé".
Otras personas invitan a la
infelicidad por medios más complicados. Todos hemos conocido a alguien
en una fiesta que enseguida impresiona a todo el mundo por su genio y
brillantez. Sin embargo, la noche pasa y él no se calla nunca y su
estilo comienza a debilitarse.
Empezamos a darnos cuenta de su necesidad compulsiva de ser el centro
de atención. He aquí una persona diciendo, de manera indirecta: "Consideráme
un pesado". Y así lo hacemos.
El adiestramiento para
adquirir seguridad consiste principalmente en transmitir a los demás
cosas como: "No estoy disponible para que me molestes".
El objetivo de la técnica del
"para ti, para mi" es demostrar que no estás dispuesto a ser el
prisionero de la opinión de nadie acerca de tí.
No estás dispuesto a permitir
que creen en tí sentimientos egoístas, o de ira, o de poca autoestima.
En cambio proclamas: Tú y yo tenemos diferente opinión acerca de mi.
Para tí, soy un egoista. para mi, me preocupo por mi mismo. Para tí,
soy demasiado alto. Para mí, juzgas a las personas por conceptos
superficiales. Para tí, soy un incompetente. Para mí, soy un buen
empleado que se confunde por tus constantes críticas.
La razón por la cual es tan
importante reconocer los clichés culturales es porque si lo hacemos no
nos dejaremos arrastrar por ellos. Por el contrario, podemos adquirir
confianza y decir: No quiero comprar eso, no me queda bien. No esperes
que por ser mujer me comporte como desvalida, ni que oculte mi
talento. ¿Dónde está escrito? y ¿Quién lo dijo? también son formas de
declarar nuestra independencia emocional y de hacer que nuestra
conducta sea predecible para los demás. No seguiremos ciegamente a la
manada por la senda negativa.
A medida que recordamos
acciones pasadas, podemos ver en qué momento empezamos a provocar que
se nos tratara como a ciudadanos de segunda clase.
Anduvimos con el cartel de
"Dame una Patada" en nuestras espaldas. Pero ahora vamos a
arrancárnoslo.
Si alguien nos da algo, por
ejemplo un libro, nuestra reacción es cogerlo. Si alguien nos cuenta
una sarta de patrañas, nuestro impulso puede ser también aceptarlas.
Pero, ¿Por qué habríamos de hacerlo? Si no la aceptamos, quien quiera
que sea el que nos la está ofreciendo, no podrá deshacerse de ella. De
eso se trata ser predecible y no estar a disposición de los demás.
Tenemos todo el derecho a no dejarnos arrastrar por el juego emocional
de otra persona. Tenemos derecho a decir que "no".
Si un marido desea un
"matrimonio abierto" y la esposa se siente vulnerable en esa
situación, tiene todo el derecho a proteger sus propios intereses.
Tienes derecho a decir "no". Tienes todo el derecho a que los demás no
te maltraten emocionalmente. Puedes aprender a utilizar las palabras
adecuadas para indicar a los demás qué cosas tolerarás y cuáles no.
No se puede rechazar a alguien
que no esté disponible para el rechazo, ni humillar a alguien que no
esté dispuesto a ser humillado, ni castrar a un hombre que no esté
dispuesto a ser castrado.
Podemos disminuir la
vulnerabilidad si hacemos saber a aquellos que nos rodean cómo vamos a
reaccionar, poniendo en claro qué cosas soportaremos de ellos y cuáles
no.
Penelope Russianoff
Nos relacionamos desde
pequeños y en ese juego de ida y vuelta pasamos de ser espectadores a
ser protagonistas y allí en escena muchas veces la obra nos lastima de
una manera inesperada ya que estamos frente a un director que censura
nuestro comportamiento, y nos hiere con su crítica, y nos hace sentir
que no valemos... Y nosotros dejamos que eso penetre día a día en
nuestro interior de manera tal que golpeamos nuestra autoestima hasta
casi hacerla desaparecer. Nos creemos todo lo que nos dicen y pensamos
que ya no vale nada de lo nuestro, que el otro tiene razón, que no
servimos, que no somos importantes...
Muchas veces estamos frente a
seres que creen tener mucho de Dios y de maestros, entonces sienten
que tienen el derecho sobre nosotros de armar, y desarmar nuestra
esencia, de calificar y descalificar nuestras conductas, de decirnos
qué hacer o deshacer y nosotros respondemos a esas demandas y entonces
dejamos de ser nosotros así como somos para convertirnos en seres que
sólo responden a las necesidades y a las críticas de los demás.
Somos permeables a todo esto y
en cambio tendríamos que aprender a protegernos, a cerrarnos y a
seguir siendo nosotros.
Por qué callarnos y ocultar
ese No que sentimos cuando algo no nos gusta. Por qué dejar que otro
nos invada. Por qué aceptar todo lo que nos viene de afuera si lo
importante es lo que llevamos dentro y lo que somos en realidad. Por
qué tememos si decidimos ser auténticos. Por qué entramos en los
juegos psicológicos de otras personas que tal vez están enfermas o
llevan en sí todo aquello que nos arrojan a nosotros en la cara porque
fue la fuente de la que ellos bebieron y vengan en nosotros su pasado.
Por qué dejar que nos desvaloricen, que nos pisoteen, que no nos
respeten.
Aprendamos a sentir y a decir "No estoy
disponible", "Hoy no entro en tu juego", "Hoy no acepto lo que viene
de ti, me cierro".
Aprendamos a decir "Soy así",
queréme de esta manera, tal vez no soy la persona con la que soñaste
pero soy auténtica.
No permitamos que nos
maltraten emocionalmente. No dejemos en un baúl nuestra esencia porque
otros así lo quieren. No somos arcilla que cambia de forma porque se
adapta a las manos de quien la modela. Somos como somos y sólo
nosotros estamos capacitados para modelarnos y ser mejores, para
querernos hasta llegar a amarnos, para sentir de una manera única y
por sobre todo somos los encargados de cuidar nuestro interior que es
muy frágil a veces y que puede ser destruido ante los disparos de
quien quiere sembrar en nosotros balas y no semillas.