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http://www.ecoportal.net/content/view/full/65498 |
Chips Espías, manipulación del consumo e impactos sobre
la salud.
Por Silvia Ribeiro *
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"Imagínese un mundo sin privacidad. Un mundo en el que
todas y cada una de sus compras se supervisa y registra en una base de
datos y cada una de sus pertenencias está numerada. Dónde una persona,
a varios estados de distancia, o tal vez en otro país, tiene un
registro de todo lo que usted ha comprado, de todo lo que posee, de
las prendas de vestir en su armario."
Es el mundo RFID (identificación por radiofrecuencia, por sus siglas
en inglés). Probablemente usted no haya oído hablar de tal cosa, pero
es como una plaga que se extiende por todas las industrias que tienen
relación con la vida cotidiana de cualquiera de nosotros. Se trata de
pequeños chips electrónicos cuya información se lee a distancia, y
sustituyen, entre otras cosas, a los códigos de barras para leer
precios. Están en libros, máquinas de afeitar, zapatos, prendas de
ropa, medicamentos, comida empacada, por nombrar objetos de uso
doméstico. En su trabajo puede haber muchos más objetos que tienen
etiquetas RFID, como computadoras, impresoras, cajas de papel y otros
artículos de oficina. Existen tarjetas de crédito y de compra que usan
este sistema.
La mayor diferencia de estos chips con el código de barras es que la
información se puede detectar a distancia, desde pocos metros hasta
kilómetros (dependiendo del tipo de chip), y se puede leer a través de
su ropa, de su billetera, cartera, mochila o maletín. Si la compra del
objeto etiquetado se hace con tarjeta, la etiqueta se "personaliza" y
queda identificada con el comprador. La generalización de este sistema
provocará un aumento de la exposición a radiofrecuencias, con impactos
sobre la salud.
Existen también versiones del sistema RFID para implantes en humanos,
como VeriChip. México fue el primer país donde se usó: en 2004 se le
colocó un chip diminuto (menor que un grano de arroz) a 18 agentes de
la Procuraduría General República (PGR), supuestamente para
identificarlos cuando tienen contacto con documentos confidenciales.
El presidente de Colombia, Alvaro Uribe, declaró que se le podrían
implantar estos chips a los ciudadanos colombianos que quisieran ir a
trabajar a Estados Unidos, para que el gobierno de ese país pudiera
controlar dónde se encuentran.
Se han denunciado fallas graves en la seguridad que pretenden tener
estos chips ya se han clonado incluso chips implantados en humanos,
permitiendo a extraños el acceso a la información . Se comprobó que la
información de las tarjetas de crédito que usan este sistema se pueden
robar más fácilmente que las de banda magnética. Esto no impide que la
adopción de esta tecnología avance a pasos agigantados, porque están
en juego intereses muy fuertes, tanto comerciales como
gubernamentales.
Las etiquetas RFID no son nuevas existen desde hace años pero su uso
era limitado por su precio y tamaño. Con la miniaturización y la baja
de precio, empresas trasnacionales como Benetton y Gillette-Procter &
Gamble comenzaron a utilizarlos, incluso directamente en el producto
que llega al consumidor. Pero el punto de quiebre de esta industria
vino cuando Wal-Mart exigió a sus 100 proveedores más grandes que para
enero de 2005 debían implementar esta tecnología a nivel de entregas a
depósito (en tarimas o cajas), o ya no les compraría sus productos.
Varios otros grandes supermercados como Tesco y Kroger, también la
usan.
Para las grandes empresas significa una automatización de los sistemas
de compras, distribución y ventas que elimina gran parte de los
trabajadores que antes controlaban estos procesos, al tiempo que les
permite hacer seguimiento de los consumidores, sus preferencias, zonas
donde se encuentran, etcétera, aumentando sus posibilidades de
manipulación del consumo. Actualmente la tecnología se está
expandiendo y el objetivo de las empresas es llegar a colocarlo en
cada producto que lleva el consumidor, tal como hizo Gillette con las
máquinas de afeitar Mach3.
En México, la distribuidora de farmacéuticos Maypo, segunda
abastecedora de medicamentos para el sector salud, está colocando
chips RFID en cada medicamento que vende para el Seguro Popular y
otros programas de salud pública.
Además de sus aplicaciones comerciales, son significativas las
aplicaciones de RFID en vigilancia con fines políticos, policiacos,
incluso represivos y carcelarios. La proliferación de los sistemas de
identificación RFID (actualmente se discute o instrumenta su
aplicación en pasaportes, billetes, tarjetas de identificación,
transportes, inmigrantes, detenidos, policías, vigilantes, etcétera)
conllevará un aumento de las distancias a las que se pueden leer y de
la cantidad de "estaciones" para su lectura. Una de las aplicaciones
que se venden en México inserta un chip entre la suela y el taco de
los zapatos en el proceso de fabricación, haciendo imposible ver el
chip a simple vista, pero permitiendo que quien pueda leer esta
información conozca el paradero de su dueño en cualquier lugar en que
se encuentre.
Este tipo de seguimiento ya es posible hacerlo a través de los
teléfonos celulares, que de hecho funcionan como GPS (sistema de
posicionamiento geográfico satelital). Como con los RFID, la mayoría
de los usuarios no lo sabe. Al igual que con otras nuevas tecnologías,
su aceptación depende de que la mayoría de la gente no sepa realmente
lo que implican. Y esto, pese a tanta vigilancia, cada vez es más
difícil. www.ecoportal.net
* Investigadora del Grupo ETC
La Jornada, México, 10/12/2006
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