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LA TELEVISIÓN MAL ENTENDIDA
Andrés
Hispano
De mayo a septiembre de 2004 le echamos un vistazo al
triste estado de la televisión pública en este país. El momento era
adecuado: el giro a la izquierda de los gobiernos central y catalán
prometía una nueva etapa, para todos. Nuevos programas, nuevas caras, sin
embargo da la sensación de que en el fondo todo siga igual. Ahora, en
pleno debate sobre la telebasura, un debate simplista y maniqueo a nuestro
modo de ver, resulta que una de las televisiones más interesantes de los
últimos tiempos, Barcelona TV, se reestructura... Varios de sus programas
más emblemáticos, únicos y necesarios ('Poplab', 'Boing Boing Buddha',
'Trailer', 'Clàssica') tienen los días contados para ceder el paso a una
agenda diaria... ¿Pero qué demonios está pasando? ¿Acaso habrá que crear
una televisión fuera de la televisión? Pues adelante, a ello vamos.
Teleculturismo
por Andrés Hispano
La telebasura es, en general, bastante divertida. Lo pernicioso de ella
es su omnipresencia, no su insustancialidad. El peligro es la codicia, no
la banalidad. El problema no es el audímetro, sino los cretinos que han
hecho de él una brújula.
Es fácil hablar contra la telebasura, aunque nadie se atreva a
definirla con precisión. Teresa Campos no tiene dudas: "Telebasura es
difundir noticias no contrastadas". Me pregunto si Acebes coincide en el
diagnóstico. Pero de lo que se habla menos es de otros daños colaterales,
más allá del encumbramiento del chismorreo y la generación chándal.
Uno de los más preocupantes es el heterogéneo ejército de enemigos que
reúne, capitaneado invariablemente por gente que ve poco la tele, se jacta
de ello como signo de buen gusto y que hasta proclama como una heroicidad
el haber desterrado de su casa los aparatos receptores. Esta élite,
desgraciadamente, tampoco tiene dudas: lo que faltan son documentales,
informativos y programas culturales que, sobre todo, trufen la pantalla de
referencias a cualquier disciplina artística elevada y, si es
posible, ajena al audiovisual: literatura, teatro, danza, ópera, artes
plásticas... Dignificar la televisión sería para ellos un exorcismo que la
despojase de todo aquello considerado vulgar o banal. Yo coincidiría con
ellos, si no fuera porque la mayoría de las cosas que me han interesado
del mundo de la cultura han sido consideradas vulgares y banales por
multitud de intelectuales y críticos artísticos.
Existe un baremo simple con el que medir hasta qué punto el puritanismo
cultureta centrifuga el arte termita cada vez que impone su higiene anti-basura:
el humor. El severo cultureta carece de humor. Lo teme. Y quien
teme al humor teme a la duda, teme al ridículo y, probablemente, teme
reconsiderar sus convicciones. Por eso ArteTV apesta a museo. Por eso
persigo las series de humor emitidas por BBC2. Y por eso discuto siempre
con quienes confunden la cultura con el prestigio de su aroma, que es como
confundir la pintura con el vernisage.
Trasladado a la parrilla de programación: hablar de cultura no es
ejercerla. Decir a qué hora empieza qué y dónde, no es ser culto ni
difundir cultura. Ni siquiera creo que favorezca la curiosidad. Puede ser
un servicio de cierta utilidad, claro, pero nada tiene que ver con la
creatividad, la reflexión ni el entretenimiento mejor entendido. Confundir
la creación con la mera información es llamar cultura al culturismo. La
cosa no tendría mayor importancia si no fuera porque en televisión, cuando
se quiere dignificar la pantalla, a menudo se impone la agenda
cultural sobre la creación de programas nuevos. Es más fácil y menos
comprometido informar machaconamente sobre todo lo que ocurre fuera de la
tele, que apostar por programas que hagan que el resto de medios hablen de
la tele por su aportación.
La televisión, como cualquier medio, puede asimilar hasta cierto punto
recursos y referencias a otros medios. Pero también, como todo medio,
merece que se desarrollen modelos de expresión que le sean específicos,
"aquello que puede ocurrir en la tele mejor que en ningún otro lugar". Por
eso quienes desprecian 'Gran Hermano' y añoran 'La Clave' no deberían
programar. Yo, como ellos, puedo sentirme herido por la zafiedad de la que
hacen gala los habitantes de 'GH' y admirar, en cambio, el conocimiento de
los invitados de Balbín. Pero en realidad, quien ha creado en manera
televisiva es Endemol y merece más suerte que quien se limitaría hoy
a trasladar a un plató un formato propio de un café o una emisora de
radio. Una televisión de servicio público, o sencillamente interesante,
merece que se creen espacios televisivos, que exploren las
posibilidades del medio conforme a las innovaciones técnicas y al
cambiante gusto del público. Renunciar a ello es desconocer la televisión,
o, peor aún, desconfiar de sus posibilidades.
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