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LA LEVE VOZ DE TU CARTA

“Allá va mi carta cálida
paloma forjada al fuego,
con las dos alas plegadas
y la dirección en medio.”
Miguel Hernández.

PARA SENTIR LA PRIMAVERA EN TU RECUERDO

El río está blanco bajo la luna y negro en la sombra. ¿Y tú estarás durmiendo? ¿Sueñas? ¿De qué color son tus sueños? Ya han pasado casi seis meses desde que dimos aquel paseo por la orilla del mar. Sigo pensando en ti, sueño con tu rostro, con tu sonrisa, con tu voz violenta y dulce al mismo tiempo.

Todo lo que se puede contar tiene un término. De hecho, no existe más infinito que el cielo, a causa de sus estrellas; y el mar, por sus gotas de agua. Todo lo demás es pequeño. Por eso cuando te hablo de mi amor por ti, siempre lo he de comparar con el cielo o con el mar. ¡No tengas miedo de que te olvide! Sabes muy bien que no se olvida a una mujer como tú.

Dices, en tu carta, que me analizo demasiado. Pero a mí me parece que no me conozco lo suficiente. Jamás te he mentido; te amé instintivamente; y no es que me propusiera gustarte: todo sucedió porque tenía que suceder.

¡Anda, ríete! Hoy estoy alegre, no sé por qué. Pero no me digas que es el dinero lo que me ha impedido ser feliz, que si hubiera encontrado un trabajo me encontraría mejor. ¡Como si bastara tener un trabajo para ser feliz en este mundo! Todo eso ya me lo han dicho un montón de personas, así que no quiero oírlo de tus labios: los estropea, no están hechos para eso. No creas que soy un perezoso y que paso mis días mirando al techo; soy por naturaleza activo y laborioso. Escribo mucho y leo más, mucho más.

Al recordar todo lo que disfruté a tu lado paseando por la orilla del mar hago como los árabes que un día al año se vuelven hacia Granada y lloran por la bella tierra que perdieron. ¿Acaso no nos agarramos siempre a nuestro pasado por muy reciente que sea? En nuestro apetito de vida, rumiamos las sensaciones de otros tiempos, soñamos con las que nos depara el porvenir.

El amor –igual que todo lo demás- no es sino una manera de ver y sentir. ¿Qué quieres que yo le haga? Amo a mi manera. Pero te amo, no lo dudes. Me reprendes por todo lo que escribo, por todas mis ideas, hasta por aquellas que nada tienen que ver con nosotros dos. Pero di lo que quieras, me gusta tu escritura. Escribe cualquier cosa. Quiero que me lo cuentes todo, ¿entiendes?, todo y que me des muchos detalles. Necesito la leve voz de tu carta.

Hace frío , casi todos los árboles de esta tierra están desnudos; mi pensamiento friolero huye y vuela hacia ti para sentir la primavera en tu recuerdo. Me parece que el amor debe ser más fuerte que todo, que la ausencia, que la desgracia y que el olvido.

Quisiera verte feliz. Cuando camino silencioso durante horas enteras por la arena de la playa y oyendo romperse las conchas bajo mis pies y el ruido acompasado del mar, suele venir tu imagen a mi mente, me sigue y me acompaña; veo tu rostro de nuevo, me pregunto que estarás haciendo, o pensando, o soñando… Y luego, de ti mi pensamiento retorna hacia mí y me pongo más triste, más sombrío, me emociono… y añado para mi interior: tal vez ella acaba de releer aquellos versos que tanto le gustaron: “Me han dicho que hay una flor, / de todas la más humilde: / flor que quisiera yo darte, / flor llamada no me olvides”.

Francisco Arias Solís

A la calle contra el olvido y contra el juicio a Garzón.
DEMÓCRATAS CON EL JUEZ BALTASAR GARZÓN
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concha
CONCHA MÉNDEZ
(1898-1986)

“Si será la última pena
me pregunto cada vez
que una pena se me acerca
para hacerme entristecer.”
Concha Méndez.

LA VOZ DE LA SIRENITA DEL MAR

“Concha Méndez era la niña desarrollada que veíamos, adolescentes –escribía Juan Ramón Jiménez, en el prólogo de Vida a vida-, con malla blanca, equilibrista del alambre en el casino de verano; la que subía con blusa de marinero del aire, prologuista de la aviación, en el trapecio de Montgolfier cabeceante y recortaba su desnudo chiquito blanco negro sobre el poniente rojo; la sirenita del mar que sonreía secreta a los mocitos en su nicho de cristal, acuario esmeraldino, entre algas corales y otras conchas; la campeona de natación, de jiu-jitsu, de gimnasia sueca. La hemos encontrado en el Polo, el Ecuador, el cráter de Momotombo, la mina de Társis”.

Concha Méndez Cuesta nace en Madrid el 27 de julio de 1898, viajera infatigable, amiga y compañera de los que constituyeron la Generación del 27. En 1931, Federico García Lorca le presenta, en la granja El Henar, a Manuel Altolaguirre. Desde este momento inician una interesante labor en común, cuyo primer fruto fue la imprenta del hotel Aragón, donde editaron la revista Héroe, que contó con la colaboración de Juan Ramón Jiménez, Unamuno, Salinas y Guillén. En 1932 contrae matrimonio con Altolaguirre, en una iglesia madrileña. Fueron sus testigos Federico García Lorca, Juan Ramón Jiménez, Guillén, Cernuda. El matrimonio se instala en Madrid, en el número 35 de la calle Viriato. Al año siguiente, muere al nacer, su primer hijo. Parte para Londres, acompañando a su marido. Fundan la revista 1616 en recuerdo del año de la muerte de Cervantes y de Shakespeare y con la pretensión de aproximar la cultura de los países. En 1935 nace Paloma Altolaguirre en Londres. Regresan a Madrid y en la misma calle Viriato, en el número 73, instalan una nueva imprenta denominada “La Verónica”. Prosiguen su labor editora y confeccionan Caballo verde para la poesía, revista dirigida por Pablo Neruda. En 1937 colabora con distintos poemas en Hora de España. Se traslada con su marido y su hija a París, donde les recibe cordial y generoso Paul Eluard. Publica en Hora de España su prólogo de El Solitario, drama poético en tres actos. En 1939 abandona París rumbo a América. En La Habana Concha y Manuel se detienen y permanecen hasta 1943. Reanudan con fervoroso entusiasmo, sus actividades literarias y fundan una nueva imprenta denominada asimismo, “La Verónica” y una colección poética que llaman “El ciervo herido”. En 1943 parten para México. En 1944 se separa de Manuel Altolaguirre. Concha Méndez permaneció en México hasta su muerte, ocurrida el 7 de diciembre de 1986.

Concha Méndez publicó su primer libro en 1926, con el título de Inquietudes, dos años después aparece Surtidor, en ambos se aprecia cierta influencia de Alberti y Cernuda, especialmente del primero, cuya poesía le marcará durante casi toda su obra. A finales de 1929 viaja a Uruguay y Argentina donde publica su tercer libro Canciones de mar y tierra. Visita Francia e Inglaterra. En marzo de 1932 aparece su cuarto libro Vida a vida y en 1936 aparece Niño y sombras. En Cuba publica su sexto libro Lluvias enlazadas, que incluye casi todos los poemas de Vida a vida. En 1944 publica en México Villancicos de Navidad y Sombras y sueños. Después de muchos años sin publicar poesía, aparece en 1979 Vida o río, su último libro.

Los temas y motivos de la obra de Concha Méndez se sitúan en el vanguardismo. Transmitiendo a sus versos su vitalismo personal y deseo de aventura.

En México los poetas malagueños Emilio Prados y Manuel Altolaguirre iban a resucitar de nuevo la revista Litoral con José Moreno Villa, Juan Rejano y Francisco Giner de los Ríos. En aquel resucitado Litoral, la voz de Concha Méndez nos dice: “En las aguas del estanque / donde el cielo se refleja, / había otro cielo de agua / con misteriosas estrellas. / Me senté al borde. La noche / había tendido velas. / Me pareció como un barco / que a la inmensidad nos lleva…”

Francisco Arias Solís

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humo

EL FUMADOR PASIVO

“Un día más ya es un milagro.”
Gloria Fuertes.

MÁS DE CINCO SIGLOS DE SOMETIMIENTO AL HUMO DEL TABACO

Todo empezó hace algo más de cinco siglos con un amistoso regalo de los indios a los descubridores. Aunque nos conste que Rodrigo de Jerez fue quien trajo el tabaco a España. Los españoles pronto hicieron uso de esas “hojas mustias y secas”, como describiera Cristóbal Colón en su diario de a bordo a la Nicotiana tabacum, por la “especie de borrachera” que producía la inhalación de su humo.

Después de más de cinco siglos el consumo de tabaco es considerado como una de las mayores plagas sanitarias, causante directo de la muerte de millones de personas en todo el mundo. El tabaquismo es el factor más importante de muerte prematura a prevenir en los países occidentales, haciéndole responsable del 15 por ciento de las muertes prematuras.

Actualmente se considera que casi la tercera parte, un 30 por ciento de todas las muertes de cáncer son atribuibles en mayor o menor medida al tabaco e igualmente se le considera responsable del 75 por ciento de los casos de bronquitis crónica y del 25 por ciento de los de cardiopatías.

Si bien es verdad que los españoles llevamos pocos años “dejando de fumar”, parece que ya se vislumbran los primeros frutos, observándose una tendencia descendente en el consumo del tabaco. No obstante, España sigue ocupando junto a Chipre y Grecia, un liderazgo entre los países de la Unión Europea con mayor número de fumadores dentro del ranking mundial que encabezan, por este orden, Chipre, Grecia, Cuba, Canadá, Estados Unidos y España con un consumo anual por persona entre 2.500 y 3.000 cigarrillos.

Entre los cerca de 4.000 compuestos conocidos que están presentes en el humo de tabaco, una gran parte de ellos posee potencial mutágeno y carcinógeno. Hoy está plenamente demostrado que ciertas sustancias, como la nicotina o el alquitrán y el monóxido de carbono son peligrosos para la salud. Los compuestos cancerígenos e irritantes del alquitrán son responsables de la patología respiratoria de los fumadores, mientras que la nicotina y el monóxido de carbono son responsables del aumento del riesgo cardiovascular.

Frente al consumo de otras drogas la drogodependencia del tabaco fumado presenta además un grave inconveniente, ya que, no sólo mina la salud de los usuarios, sino también, de las personas del entorno, que inhalan involuntariamente el humo del tabaco.

La mayor parte del humo que inhalan los fumadores pasivos procede de la llamada corriente secundaria que se origina cuando el cigarrillo, puro o pipa se consumen por sí sólo sin mediar aspiración del fumador. El análisis de la corriente secundaria ha puesto de manifiesto que la concentración de determinadas sustancias cancerígenas es muy superior a la hallada en la corriente principal o corriente de humo que se genera cuando el fumador aspira y que circula a través del cigarrillo hasta llegar a la boca.

Por otro lado, se ha podido precisar que un fumador pasivo que se halle expuesto al humo del tabaco durante una hora, puede llegar a inhalar la cantidad equivalente al consumo de dos o tres cigarrillos, dependiendo eso sí, de la cantidad de humo ambiental y de la ventilación del local. Todo ello significa que en determinados casos el fumador pasivo puede hallarse expuesto a la acción de cantidades superiores de componentes nocivos del tabaco a las que está expuesto el propio fumador activo. Se calcula que en España habría unos cinco millones de no fumadores que inhalan pasivamente una cantidad de humo equivalente como mínimo al consumo de tres a seis cigarrillos.

Centrándose en la relación tabaquismo pasivo y cáncer, algunos trabajos recientes han mostrado que los hijos de padres fumadores presentan un riesgo de padecer cáncer un 50 por ciento mayor que los niños de padres no fumadores. Indiscutiblemente, el fumador pasivo que más sufre el azote del tabaco es sin duda el niño que se está formando en el claustro materno.

Hace unos pocos de años han comenzado a soplar “nuevos aires” sin humo de tabaco, y, contra viento y marea, se ha puesto en marcha la aplicación de la Ley Antitabaco. Los fumadores pasivos esperan que con el anunciado endurecimiento de esta Ley llegue el “aire prometido”, tras más de cinco siglos de sometimiento al humo de tabaco, y, que se respete el derecho a respirar aire no contaminado con humo de tabaco en lugares públicos y en el ámbito laboral. Aunque, como dijo el poeta: “El final / no se sabe hasta el final”.

Francisco Arias Solís
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ascension

SOR LUISA DE LA ASCENSIÓN
(1565-1636)

“Entre sí en la soledad
se dan estrechos abrazos;
y allí son los fuertes lazos
que atando dan libertad.”
Sor Luisa de la Ascensión.

LA VOZ DE LA MONJA DE CARRIÓN

La poesía de esta controvertida monja, procesada por la Inquisición y, posteriormente, con un proceso abierto de beatificación, ha sido calificada, por unos, de una elevadísima inspiración mística y de una gran belleza formal en sus versos, y por otros, de pésimo gusto y de versos vulgares. Menéndez Pelayo considera que La monja de Carrión “era más bien ilusa y engañada que engañadora”; otros críticos literarios, en cambio, se refieren a ella, destacando su vida colmada de santidad y como una figura singular de la poesía mística española, hasta el punto de comparar su obra poética con la de Santa Teresa de Jesús, lo que entendemos que es exagerado, si bien, es autora de muy acertados villancicos, como éste: “Cordero de tal grandeza / Está sin lana en el yelo. / Yo pienso en un terciopelo / Envolver tanta pobreza…”

Sor Luisa de la Ascensión, en el mundo María Luisa Ruiz de Colmenares de Solís, también conocida como La monja de Carrión, nació en Madrid el 16 de mayo de 1565 y fue bautizada en la parroquia de San Andrés. Fueron sus padres Juan Ruiz de Colmenares y Jerónima de Solís, carrioneses que habían ido temporalmente a la Corte, debido a la enfermedad de un familiar. A los diecisiete años de edad fue llevada a Carrión de los Condes y a los dieciocho años ingresó en el convento de Santa Clara. De novicia se distinguió por sus grandes penitencias y cuando en 1609 fue nombrada abadesa, por vez primera, sometió a la comunidad a constantes penitencias y mortificaciones y a una rígida observancia de la disciplina monástica. Sor Luisa de la Ascensión fundó una hermandad de defensores de la Purísima Concepción a la que estaban inscritos no menos de ochenta mil personas, prelados, nobles y pueblo llano. Se le atribuyeron muchos prodigios y hechos milagrosos. El padre Aspe escribió en dos volúmenes la vida de Sor Luisa, y fue esta biografía la que desencadenó que el Santo Oficio la procesara en 1634, no obstante contar ésta al propio monarca entre los más devotos de sus fieles, apartándola de su comunidad y recluyéndola en el convento de las Agustinas Recoletas de Valladolid, donde falleció el 28 de octubre de 1636. El proceso de Santo Oficio concluyó más tarde con sentencia absolutoria.

Sor Luisa de la Ascensión fue la consejera de Felipe III, desempeñando un papel similar al de Sor María Jesús de Agreda junto a Felipe IV, y también muy parecido al que representa Sor Patrocinio, La Monja de las Llagas, junto a Isabel II. Al igual que esta última presenta numerosos casos de bilocación así pudo confortar, en Japón, al mártir franciscano Fray Juan de Santa María; en Asís, visitar el sepulcro de San Francisco, o asistir en Alemania a un combate entre católicos y luteranos, al mismo tiempo que su presencia era visible en tierras de Castilla. Fueron muchos los personajes que le pidieron consejos. Felipe III que le consultaba importantes problemas de estado hasta se desplazó en 1613 a Carrión de los Condes, el Papa Gregorio XV mantuvo continuos contactos con ella y se encomendaba en sus oraciones y Felipe IV, llegó a consultarle sobre el posible casamiento de su hermana la infanta Doña María con el Príncipe de Gales, al que se opuso La monja de Carrión, al ser el Príncipe un hereje.

El padre Manuel Fraile Miguélez publica en 1890 la obra Un proceso inquisitorial de alumbrados en Valladolid o vindicación o semblanza de La monja de Carrión, en la que se le defiende como persona y como mística.

Siendo cierto que La monja de Carrión exageró sus trastornos místicos cuando nos contaba que durante su noviciado “sufrió muchos insultos del diablo, quien le azotaba con garfios de hierro y empujaba cuando bajaba la escalera de la ermita”, o cuando aseveraba que se le había aparecido Cristo “cuando estaba en el vientre de su madre”, para prometerle la virginidad, explicarle el misterio de la Trinidad y anunciarle que sería monja clarisa, no es menos cierto, que sus composiciones poéticas son de una gran inspiración, especialmente, el famoso Romance de la soledad del alma, digno de figurar en cualquier antología de la poesía mística española: “Allí el amor unitivo / junta la parte a su todo / y el cuerpo por cierto modo / anda sin el alma vivo”.

Francisco Arias Solís
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luisa-sigea

LUISA SIGEA DE VELASCO
(1522-1560)

“Un fin, una esperanza, un como o cuando;
tras sí traen mi derecho verdadero;
los meses y los años voy pasando
en vano, y paso yo tras lo que espero;
estoy fuera de mí, y estoy mirando
si excede la natura lo que quiero;
y así las tristes noches velo y cuento,
mas no puedo contar lo que más siento.”
Luisa Sigea.

LA VOZ DEL ESPIRITU RENACENTISTA.

Luisa Sigea de Velasco, también llamada Luisa Sigea Toledana, fue conocida en la Europa culta de su época como uno de los espíritus renacentistas. En 1546 dirigió una carta al papa Paulo III, redactada en latín, griego, hebreo, árabe y siriaco, lo que hizo que esta taranconera alcanzara fama universal por su gran erudición y que se situara entre los poetas latinos de mayor elegancia por sus composiciones poéticas. Entre sus obras de mayor difusión se cuentan el poema Syntra, dedicado a la infanta Doña María, del que Menéndez Pelayo hizo una versión castellana muy exacta y su opúsculo Duarum virginum colloquium de vita aulica et privata (1552), en el que expone su teoría sobre la amistad y critica abiertamente la nobleza arrogante de su tiempo, egoísta e ingrata, a la que tuvo que servir. También se conservan un epistolario, en el que trata muy diversos temas en los que despliega su tremenda erudición, y varios poemas. La mayor parte de su obra está escrita en latín.

Luisa Sigea de Velasco nació en Tarancón, provincia de Cuenca, probablemente en el año 1522, hija de un francés muy culto Diego Sigeo y hermana de la erudita Ángela Sigea, de una gran sensibilidad musical. Al ser nombrado Diego Sigeo preceptor del duque de Braganza, en 1538, se trasladó con su familia a Lisboa, entrando Luisa al servicio de la infanta doña María, hija del rey don Manuel y de la reina Leonor, que hizo que la corte portuguesa destacara en el cultivo de las humanidades, imitando a las cortes italianas y procurando rodearse de damas eruditas como las dos hermanas Sigea, Paula Vicente, hija del poeta Gil Vicente, y Joana Vaz, entregada al estudio de humanidades. Luisa Sigea residió en el palacio de la infanta hasta 1552, en septiembre de ese año contrajo matrimonio con el hidalgo burgalés Francisco de Cuevas, en Torres Novas, nuevo domicilio de la casa paterna. El matrimonio sólo tuvo una hija Juana de Cuevas Sigea. La familia primeramente residió en Burgos y seguidamente se trasladó a Valladolid en 1558, para entrar al servicio de María de Habsburgo, hija de Carlos V y reina consorte de Hungría por su matrimonio con Luis II de Hungría y Bohemia, que falleció repentinamente ese mismo año. Sigea se dirigió al rey Felipe II, solicitando empleo, tanto para ella como para su marido, como compensación de sus servicios cerca de la Infanta y de la difunta reina de Hungría, también alegaba en su carta la pobreza y el abandono en que se encontraba. Al no tener respuesta del rey, siguió intentando entrar en la vida cortesana, a tal fin marchó a Toledo, para pedir por mediación del embajador de Francia, ponerse al servicio de Isabel de Valois, que recientemente había contraído matrimonio con Felipe II. Al no obtener cargo alguno, se marchó nuevamente a Burgos, donde falleció el 13 de octubre de 1560, con unos treinta y ocho años. A su muerte, el escritor y secretario de lenguas de Felipe III Tomás Gracián Dantisco, diría que había “muerto de sentimiento”.

Luisa Sigea fue una consumada poliglota, además, del latín, griego, árabe, hebreo y caldeo, hablaba italiano y francés. A su gran talento unió también una enorme belleza. “Todas las mañanas pasean entre árboles multitud de jóvenes que espían el momento de ver a la Sigea -nos contaba Carolina Coronado en su novela histórica- asomada a sus ventanas… La Sigea tenía la frente noble y suave, hermosos ojos, mejillas de virgen, redondas y puras y una boca de espresión inocente. El talle de la Sigea era delicado y magestuoso…” A tal punto llegó su fama que no se libró de la calumnia y a este respecto apareció en Holanda un libelo obsceno que pretendió difamarla en unión de Luis Vives y se le llegó a atribuir una obra pornográfica La Academia de las Damas. Lo que no ha impedido que haya sido elogiada por muchos poetas y escritores, tanto de su época como posteriores. Nuestra escritora romántica Carolina Coronado, inspirándose en su vida, escribió La Sigea (1854). Y Pedro Ibañez le dedicó una elegía, a la que pertenecen estos versos: “Yaze aquí la clarísima Sigea, / en rara perfección sin par juzgada / en cuanto ciñe el mar, y el sol rodea, / por muerte antes de tiempo arrebatada”. Su espíritu renacentista también quedó plasmado en su epistolario: “Y, faltando la libertad, qué puede aver que dé consuelo ni contento, que sólo estas sustenta quando se tiene y duele cuando se pierde”.

Francisco Arias Solís
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