
Dentro de una angustiante espera
se haya un mar en calma;
la angustia es porque no llamas;
el remanso…¡porque me amas!
Mientras que, en el campo del olvido,
se va extinguiendo la llama del desengaño,
sabes bien mio que, ¡te amo tanto, tanto!
que… a tu cuerpo lo extraño,
a tus manos… las anhelo,
a tus labios… los recuerdo,
y a tu voz… la percibo
como suaves murmullos,
que hacen quebrantar mi alma,
y en suspiros y en sueños
mi vida va pasando;
más no acaba,
y no acabrá, hasta comprobar
que el fruto de mis entrañas
a llegado a madurar,
y que en el momento de partir
no me extrañará,
pues sabrá
que a su lado estaré
y jamás, volveremos a sentir
esta soledad que angustia,
y este vicio de amor
que ahoga..
(Enero 1986)
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