Sal desnuda con tu alma de inocencia pura,
Rozando abismos de ilusiones en donde tocas.
Entregando los bellos encantos de tu hermosura,
En un mundo hambriento de tus dulzuras.
Con besos de algodón calma la soledad del día,
Curando en la magia de tu ser las heridas.
Regalando con incubes lagrimas tu sincera alegría,
Hermosa entregas de tus esencias divinas.
Eres hija de las entrañas de la misma vida,
Fruto de un deseo eterno de amar sin fronteras,
En su canto que se repite en el eco del alma.
Y bloqueas con un mar de caricias las nostalgias,
Humedeciendo la mirada que te ama,
En una cascada de paz que se enreda en mil esperanzas
Miguel Ángel
07 de junio de 2009

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