
Tus manos en mi pecho,
las mías rozando rosas,
Tus labios buscando mi boca,
lo negro de la noche
diluyendo nuestras formas…
y en la adivinanza dulce de las sábanas
se retuercen nuestros cuerpos,
recreando la danza esencial
que nos llevará al cielo o al infierno,
depende de quién nos descubra
antes -ángel o demonio-
en la alborada próxima…!
(c) Juan José Mestre.

Desnuda estás. La noche se ha vestido
de ausencia y soledad. Nadie te mira.
Arde tu lecho, y tú, sobre la pira,
inmolada a los dioses del olvido.
Tu silencio no es calma, es alarido
de cuerpo insomne que incesante gira
en las horas sin fin; es llanto, es ira,
por sentir sin sentido tu sentido.
Sembrada está tu piel de sensaciones,
madura ya la mies de las pasiones,
pero no hay labrador para la siega.
Ah, tus espigas altas y doradas,
irrigadas con lágrimas de almohadas,
qué trémulas esperan en tu vega.
Francisco Alvarez Hidalgo
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