Por Cristina Castello
Uno de sus siete hijos —la rubia y rolliza Meghan— apura la edición de la historia de uno de los candidatos del Imperio Mundial. El republicano John «Maverick» McCain, su papá, será el personaje de un cuento infantil [sic]. Es obsesivo, y ve terroristas por doquier. Tiene mal genio e incontinencia verbal, y es amante del rap y del hip hop. Le gustan las mujeres como al que más y reniega de su edad.
Durante una entrevista en la cadena CBS reveló, por única vez: «Soy un criminal de guerra: bombardeé mujeres y niños inocentes en Vietnam». Fue en el ’97, pero contarlo suena como primicia por el silencio que envuelve a aquella declaración. Silencio que le permite autoproclamarse héroe de guerra y salvador de la humanidad. Como una Caperucita Roja desamparada, ¿tendrá el mundo otro Lobo Feroz?
Tiene siete hijos, uno de los cuales es Bridget, una niña negra que adoptó en el orfanato de la Madre Teresa de Calcuta, en Bangladesh; aunque según el rumor, la pequeña era fruto de su amor con una prostituta de color. Sanguíneo, se enfervoriza con que la ocupación de Irak debe durar cien años… o mil; y a la vez promete dar a la nueva generación un mundo en paz [sic]. Se jacta de haber sido torturado durante sus cinco años de prisión en Hanoi; pero su entonces carcelero, Tran Trong Duyet asegura que jamás se lo martirizó: hoy es su amigo y lo recuerda con amor. A fines del pasado junio, Charlie Black —asesor de McCain— declaró que otro atentado como el de las Torres Gemelas supondría un espaldarazo para ganar la presidencia del Imperio Mundial. ¿De nuevo otro plan para el Horror? El candidato lo desmintió, pero… ¿qui sait?
Lo que está en juego en las elecciones USA del 4 de noviembre próximo es nada menos que el destino del mundo. El derecho de vivir en una Tierra que empiece a dibujar la imagen de la paz. Mientras tanto, y antes de dejar el Poder, George W. Bush decidió otro presupuesto de 162 mil millones de dólares para guerrear en Irak, Afganistán y… ¡donde sea!
El destino del hombre está en subasta. Miradle ahí, colgado de los cielos, aguardando una oferta. ¿Cuánto, cuánto, cuánto, mercaderes? ¿Cuánto por el destino del hombre?, se preguntaba León Felipe. A ver… ¿Cuánto, cuánto vale la vida de un latino, de un libanés, de un iraquí? Que ponga el precio Don John «Bombardear» McCain.

