e.gifEs primordial el reconocimiento del maltrato para tu detección. Es muy provable que la mujer implicada no sea capaz de detectarlo por s´si sola, por eso es preciso que las personas que estén a su alrededor la apoyen, la anímen y le proporcionen la ayuda necesaría para que ella misma sea capaz de reconocer el maltrato.

Montserrat Masvidal Bañeres

La violencia en el ámbito familiar comprende:

  • La violencia física, considerando esta como cualquier acción no accidental que provoque o pueda provocarte daño físico, enfermedad o riesgo de padecerla, 

  • La violencia psíquica, considerando como tal los actos, conductas o exposición a situaciones que agredan o puedan agredir, alteren o puedan alterar el contexto afectivo necesario para tu desarrollo psicológico normal, tales como rechazos, insultos, amenazas, humillaciones, aislamiento.

  • La violencia sexual, como toda actividad dirigida a la ejecución de actos sexuales en contra de tu voluntad, dolorosos o humillantes o abusando del poder, autoridad, con engaño o por desconocimiento en el caso de los menores.

  • La violencia económica, como la desigualdad en el acceso a los recursos económicos que deben ser compartidos, al derecho de propiedad, a la educación y a un puesto de trabajo, derechos reconocidos en la Constitución.

  • La corrupción, como conductas desviadas, antisociales o desadaptadas que impiden tu integración social (inducción a la delincuencia, explotación sexual….).

  • La explotación laboral y mendicidad, son situaciones en las que mediante abuso de poder o por fuerza y con violencia un miembro de la familia te obliga a la practica continuada de trabajos o actividades que o bien interfieren en tu normal desarrollo o exceden de los limites de lo considerado normal en función de la edad, sexo, formación, o que se consideran humillantes o antisociales.
     

s.gifEl sexismo contra intersexuales no ha sido identificado hasta fechas recientes y aún está por ser advertido por el público general. Históricamente, la mayoría de las culturas (con unas pocas excepciones) sostienen que hombre y mujeres son entidades separadas y distintas con diferentes papeles de género y responsabilidades. Los bebés que nacen con características de ambos sexos o ambiguas eran sacrificados o sufrían la extirpación quirúrgica de una de sus características sexuales. Esta cirugía innecesaria ha sido llevada a cabo con frecuencia sin el conocimiento ni consentimiento de los padres, siendo bajo ciertos puntos de vista una mutilación genital así como criticable la supuesta necesidad de la medicina occidental moderna de «corregir» los casos de intersexualidad, que no son más que una probabilidad natural.

s.gifEn su forma extrema, el sexismo contra los hombres es conocido como misandria, que significa ‘odio a los hombres’. Debido a que es la segunda forma de sexismo comúnmente identificada, a menudo se conoce como sexismo inverso. Un término levemente relacionado es «androfobia», que aluda al miedo a las hombres o a la masculinidad. Aunque la opinión de que las mujeres son superiores a los hombres también es sexismo, sólo en los últimos años se ha empezado a tomar conciencia de ello en el discurso público.

Otra fuente de sexismo es el «antiguo patriarcado» y el «antiguo matriarcado», que históricamente han restringido y limitado el papel de los hombres en otras partes de la sociedad y ha mirado con desprecio a los amos de casa. El movimiento masculinista promueve los derechos de los hombres y de los padres para frenar el sexismo contra los hombres tratando problemas tales como la igualdad ante la ley, el «permiso de maternidad» para los hombres, las víctimas masculinas de la violencia doméstica y el acceso igualitario a los hijos.

s.gifEn su forma extrema, el sexismo contra las mujeres es conocido como misoginia, que significa ‘rechazo a las mujeres’. El término «sexismo» en su uso corriente suele aludir al sexismo contra las mujeres, debido a que éste fue la primera forma de sexismo comúnmente identificada. Esta forma de sexismo también se llama frecuentemente chovinismo, si bien éste es en realidad un término más amplio para cualquier partidismo extremo y ciego con odio y malicia hacia el grupo rival. Un término levemente relacionado es «ginofobia», que alude al miedo a las mujeres o a la feminidad.

 

Históricamente, en muchas sociedades patriarcales, las mujeres han sido vistas como el «sexo débil». La combinación de actitudes hostiles y subjetivamente benevolentes (pero benevolentes) hacia las mujeres se conoce como sexismo ambivalente, que tiene sus raíces en el hecho de que aunque las mujeres tienen un estatus inferior al de los hombres, el hombre heterosexual depende de ellas como esposas, madres y amantes. El estatus de amante de las mujeres es evidente en los casos en los que éstas ni siquiera son reconocidas como «personas» por la ley del país. El movimiento feminista promueve los derechos de las mujeres, el acceso a la educación y el empleo, las víctimas femeninas de la violencia doméstica y la posesión del propio cuerpo de la mujer.

s.gifSe suele llamar sexismo a la discriminación (e incluso odio) de las personas según su sexo en lugar de por sus méritos individuales, si bien el término también puede aludir a todas las diferenciaciones sistémicas basadas en el sexo de los individuos.

 

El sexismo puede incluir diferentes creencias o actitudes:

 

La creencia de que un sexo es superior al otro.
La actitud de misoginia (odio a las mujeres) o misandria (odio a los hombres).
La actitud de imponer una noción limitada de masculinidad (género) a los hombres (sexo) y una noción limitada de feminidad (género) a las mujeres (sexo).

d.gifLa discriminación de género o sexismo es un fenómeno social, puesto que son necesarias representaciones de ambos sexos para que pueda darse esta situación: no existe una igualdad de género a partir de la cual denunciar la discriminación o desigualdad. Al contrario: la base de este fenómeno es la supuesta supremacía de uno de los géneros.

 

Mientras que el término “sexo” hace referencia a las diferencias biológicas entre hombres y mujeres, “género” describe los roles, las funciones, los derechos y las responsabilidades establecidas por la sociedad y que las comunidades y sociedades consideran apropiados tanto para los hombres como para las mujeres. Esta serie de supuestos, construidos a partir de las diferencias biológicas entre hombres y mujeres, crean las identidades de género y contribuyen, a su vez, a la discriminación de género.

 

Al tratarse de una elaboración social, el género es un concepto muy difuso. No sólo cambia con el tiempo, sino también de una cultura a otra y entre los diversos grupos dentro de una misma cultura. En consecuencia, las diferencias son una construcción social y no una característica esencial de individuos o grupos y, por lo tanto, las desigualdades y los desequilibrios de poder no son un resultado “natural” de las diferencias biológicas.

 

En términos estatales, el liberalismo ha apoyado la intervención del Estado a favor de las mujeres como personas abstractas con derechos abstractos, sin examinar estas nociones en términos de género. Adicionalmente, como es el hombre hegemónico quien determina el derecho, esta disciplina social ve y trata a las mujeres de la manera como los hombres las ven y las tratan. Así pues, el estado liberal constituye, de manera coercitiva y autoritaria, el orden social según los intereses de los hombres como género, a través de la legitimación de sus normas, la relación con la sociedad y políticas sustantivas. En consecuencia, el género se mantiene como una división de poder (véase relaciones de poder).

 

La discriminación de género adopta diversas formas de división de poder, algunos de cuyos aspectos incluyen:

 

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