Barak Obama
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Barack Obama, «Sí, se puede», Se puede, ¿qué, Mr. Obama?

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Gobierna desde la Casa Blanca, construida por esclavos negros, como negra es su noble raza. ¿Barack Obama es el presidente de un país, o del mundo? ¿Dijo la verdad durante la campaña con respecto a Irak, Palestina, Guantánamo, Afganistán…? ¿Qué de palpable hizo, para detener los genocidios producidos por la amalgama  George W. Bush- sionismo, durante estos seis primeros meses de gobierno?  ¿Mago, profeta, «sueño americano» redivivo, o continuador —con otro estilo— de las mismas políticas de su antecesor?

Juró sobre la Biblia, en la médula de la peor crisis financiera que rompió el alma del Wall Street desalmado, y se extendió por todo el planeta; asumió en medio de dos guerras —invasiones, masacres—, que había emprendido su país, con su aliado Estado de Israel. El corazón desesperado de los desesperados de la Tierra, la mayoría, se sintió renacer. Millones de personas de todas las geografías, creyeron que  había llegado el Mesías, para salvar sus vidas. La necesidad de creer, puede nublar la mirada.

¿Qué cambió desde el 20 de enero de 2009?

De hecho, el escenario. Que por fin George W. —a quien se espera que tribunales internacionales juzguen como «criminal de guerra»— haya dejado el Poder, y que ya no gobierne un blanco, tiene fragancia de aire fresco. ¿Fresco, pero también puro?

¡Que es negro y es demócrata!, sonaba el himno que los cuatro puntos cardinales entonaban como una Oda a la Alegría, mientras Schiller se estremecía.

Que  por pertenecer a la raza de Luther King, sea una esperanza, es irracional. Es negra Condolezza Rice, la mujer que más poder tuvo en los USA hasta 2009 y que, entre otras bondades, autorizó las torturas. Es negro Colin Powell, militar de alto rango, una de las estrellas de la primera invasión a Irak (operación «Tormenta del Desierto») e instigador de la segunda, en el marco de la llamada guerra global contra un supuesto terrorismo.

¿Que pertenecer al partido demócrata es un voto al futuro, al bien y a la paz? Bill Clinton  decidió el bombardeo de Somalia en el ’94 y el de Irak en 1998. Fue él quien pergeñó la mentira de las armas de destrucción masiva: un guante, a la medida de las garras del diabólico Bush Jr. Y Clinton es demócrata. Cosas vederes Sancho, que non crederes. Entonces, Obama a secas. Obama según sus actos.

Prometió poner fin a la masacre en Irak, sí, pero —pragmático el hombre—, uno de los motivos fundamentales que esgrimió fue no gastar el dinero en esa guerra: en esa invasión sangrienta, dicho sin eufemismos. Y ya en 2008 había hablado de dejar Irak, para  garantizar la seguridad nacional y proteger del peligro al Gigante del Norte.

Lo dijo durante la campaña pero pocos quisieron escuchar, pues  la mayoría, o estaba  sedienta de una ilusión, o le interesaba más la propia vida, que la de la humanidad. Y tampoco se percataron de que había prometido terminar el retiro de las brigadas de combate, sí, pero recién en 2010.

¿Será que el señor Barack desea que los soldados yanquis se quedan en las tierras iraquíes para reinventar la gloriosa Biblioteca de Bagdad, que su patria bombardeó el 2 de febrero de 2007? ¡Vamos! Estamos hablando de la mayor potencia mundial. Irak sigue bajo la bota de los Estados Unidos.

Mientras tanto, en su visita a aquel país, el presidente Moreno se solazó con el saludo a cada combatiente  americano,  y enfatizó sobre el «enorme trauma» que significaba la muerte de casi 3.000 norteamericanos en un día.  De los millares de muertes, torturas, destrucciones y orfandades de los iraquíes, no dijo ni una palabra.

El lenguaje crea mundos, ¿qué mundos crea el lenguaje?

En su discurso inaugural, definió a su país: « En vez de ofrecer una visión que compita con la de demagogos como Hugo Chávez, nos hemos cruzado de brazos». Quiso descalificar a su mayor enemigo, el presidente de Venezuela, con lo cual lo reconoció como una entidad en sí mismo. Pero, más allá del analizar el hecho del desmerecimiento a un colega —que a él le parece un demonio— importa destacar que reconoció claramente el vacío de una «visión»; la carencia de valores que deben dar sustento a una nación, para que merezca ese nombre.

Como contrapartida, agradeció a su ex rival McCain, por cuánto «ayudó a esta América». ¿Una cortesía? Bueno, pero a quién se la dedica. Justamente al candidato republicano que había reconocido: «Soy un criminal de guerra: bombardeé mujeres y niños inocentes en Vietnam»

Palestina, Tierra mítica, tierra ultrajada

Palestina, mítica. Tierra Santa diezmada por el invasor yanqui-sionista: asesino. Para no remontarnos más lejos, vamos a 1947. Las Naciones Unidas, con los más sucias artificios, entregaron a Israel el 57% de la tierra palestina, aunque su población sólo alcanzaba al 30%.  Veinte años más tarde, Israel contrarió la legislación internacional que le ordenaba retirar sus fuerzas de ocupación, y se quedó. Guadaña en mano, arrasó la vida de miles más miles de seres humanos.

En el Holocausto nazi murieron cerca de  6 millones de judíos, y aproximadamente  otros 6 millones de personas, entre soviéticos, polacos, alemanes, gitanos, franceses, prisioneros políticos, librepensadores, discapacitados, homosexuales, y otros.

El fin de aquel espanto consumado por el monstruo Hitler, fue el golpe de gracia para la creación del Estado de Israel, en mayo de 1948.

Desde entonces, se convirtió en un semillero del espanto.  Ocurrió la primera guerra árabe-israelí, y empezó la ocupación de los territorios robados. De la mano de los USA, se erigió como una gran potencia de Poder y engendró en Palestina, en la Franja de Gaza y en el Líbano, el Holocausto  que gran parte de su pueblo había padecido

Norteamérica sigue hoy financiando a Israel con unos 3.000 millones de dólares anuales, más otros miles de millones como caja chica. Dólares que compran armamentos para matar y ultrajar. Dólares que pagan con sus impuestos,  los cada vez más desamparados ciudadanos de la América rubia.

Según el manifiesto del partido que dirige Netanyahu, primer ministro israelí, «los palestinos pueden dirigir sus vidas libremente en el marco de una autonomía, pero no como estado independiente y soberano».  Dicho simplemente: los desvalijaron de independencia y libertad; y Jerusalén se convirtió en la capital robada a Palestina por el Estado sionista, que contradice toda legislación y carece de todo sentido humano. Pero… ¡cuidado!, a quien se le ocurra hablar  en contra de semejante aberración, será tildado de antisemita, aun si es un judío quien se opone a tal barbarie.

En marzo de este año, Obama bendijo a Israel: criticó a quienes «lo creen culpable del  conflicto de Medio Oriente [sic], y no ven la ideología perversa y llena de odio del islamismo» . Y a comienzos de junio pasado, portando sobre su estatura los ojos y la esperanza del mundo, visitó el Oriente.

¿Qué pasaría, cambiaría el curso de la historia? El lenguaje crea mundos, estaba dicho. ¿Qué mundos crearon las palabras de Obama?  Sólo el de los gestos e  indefiniciones expresados con firmeza, como si fueran grandes dogmas.

De hecho, hubo un cambio radical, comparado con Bush Jr.: un cambio de estilo.

Algunas de sus declaraciones hablan por él:

  • «Mi país podría implicarse en negociaciones serias entre Israel y Palestinas».
  • «La diplomacia implica siempre un duro y largo camino. No es una vía que propicie resultados rápidos».
  • No habló en ningún momento de los crímenes de guerra cometidos por Israel.
  • En cambio, señaló que «cuanto antes se aísle a las comunidades musulmanas extremistas y no deseadas, antes estaremos todos más seguros».
  • « El pueblo palestino ha sufrido en la búsqueda de una patria». Desde luego, el presidente se equivoca: el pueblo palestino tiene el sentido de la patria; lo que busca es recuperar sus tierras, expoliadas.
  • «Estados Unidos no acepta la legitimidad de los continuos asentamientos israelíes». «Esta construcción  —agregó— viola acuerdos previos y mina los esfuerzos para lograr la paz. Es el momento de que se detengan estos asentamientos». A ver si queda claro: habló de que se detengan los asentamientos —la ocupación de los territorios palestinos—, pero no habló de terminar con los que existen: con la mayor parte de Palestina, saqueada a sangre y fuego por el invasor. El 89% de sus tierras están en manos de Israel y Obama nada exige. La justicia, ¿dónde está?

Guantánamo, torturas y un hombre en la mira

Opulencia versus necesidad siguen avanzando por el mundo, como una telaraña. En Norteamérica, el nivel de consumo bajó por primera vez desde 1945, y los ciudadanos

—los que pueden hacer gastos— no cesan de recortarlos. De hecho, es una situación heredada por el actual presidente; un desastre para el mundo, salvo para los bancos y el poder empresarial, que se siguen enriqueciendo. ¿Mintió en cuanto a la crisis? No, trata de hacerle frente y es probable que no quiera engañar a su pueblo.

«Les pido creer», le demanda, pero no es de extrañar que semejante desafío altere su proverbial serenidad y  sea la causa de sus agresiones a Venezuela, por ejemplo. También el hecho de que el socialismo, amenace  volver a ser una opción, altera su sonrisa.

En enero de 2009 decretó el cierre de Guantánamo, cárcel que es un verdadero campo de exterminio; allí viven —o esperan la muerte— 220 prisioneros, la mayoría de los cuales no están procesados.  Fue una de sus dos primeras decisiones como presidente. Pero el Senado rechazó el pedido de 80 millones de dólares necesarios para llevar a cabo esa medida, y se opuso a encarcelar o liberar en Estados Unidos a cualquiera de los  prisioneros.

Obama dice ahora que esto tomará cierto tiempo, mientras las torturas continúan en ese no lugar, así como en la prisión de Diego García, a la que ni siquiera nombró, y en otros centros de detención de la CIA.

Su otro primerísimo decreto, fue el de terminar con las torturas, inmediatamente. Después aseguró que su país no practica ese oprobio, y se opuso a que una comisión investigue a los responsables del gobierno de George W. Bush, quien legitimó el martirio a los prisioneros.  Se negó a divulgar las fotografías que muestran prácticas de suplicios concebidos por mentes satánicas, con el argumento de que pondrían en peligro las tropas estadounidenses en el exterior. «Les pido creer», dijo y lo registró en su sitio Web. ¿Creer en la mentira?

Por otra parte, la decisión de recuperar los «tribunales militares» secretos para los prisioneros extranjeros, es visto como parte de una política de militarización. De la misma manera que haber designado al General Stanley McChrystal como jefe del mando militar estadounidense y de la OTAN en Afganistán, se oponen a todas sus promesas y a la ética más elemental. McChrystal es un profesional de la tortura y de la creación de escuadrones de la muerte, en el exterior.

Mientras tanto, seguramente porque  la Casa Blanca tiene la mira puesta en el presidente Hugo Chávez, en la región de Arauca (Colombia), en la frontera con Venezuela, hay mercenarios de EEUU, para vigilar el proceso venezolano.  Así lo denunció Martín Sandoval, presidente del Comité Permanente por la Defensa de los Derechos Humanos en aquella zona. Fuertemente armados, ¿estarán tratando de cazar pajaritos?

Barack Hussein Obama. ¿Mago, hacedor de milagros, profeta?  Simplemente un hombre que cree que «Sí, se puede». Se puede, ¿qué, Mr. Obama?

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