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El duelo, como superar la muerte de un ser querido

Afrontar una pérdida es quizás la experiencia más dolorosa por la que pueda pasar una persona.

Como afirma Doug Manning,

“el duelo es algo tan natural como llorar cuando te lastimas, dormir cuando estás cansado, comer cuando tienes hambre o estornudar cuando te pica la nariz. Es la manera en que la Naturaleza sana un corazón roto

Pero… ¿solo la muerte de un ser querido produce el duelo? ¿Qué otras experiencias de nuestra vida pueden romper nuestro corazón? ¿Existe el duelo patológico? ¿Cuándo ocurre?

El duelo es a la vez un estado y un proceso del ser humano que tiene lugar tras la pérdida física o emocional de un ser querido. Podemos hablar de duelos por muerte de un ser querido, duelos emocionales debido a la separación o el divorcio de nuestras parejas, duelos en pacientes terminales ante la pérdida de su propia vida y también duelos evolutivos en las diferentes etapas de nuestro ciclo vital como pueden ser la infancia, la adolescencia o la vejez.

Existen también otros tipos de duelos, como los sociales, que se experimentan tras un cambio de estatus social, en el desempleo o en la jubilación; o los personales, que se viven ante situaciones tan diversas como la pérdida de autonomía, la menopausia o la emigración.

Características principales del duelo

A pesar de la diversidad de causas, las manifestaciones del duelo son muy similares en todos nosotros y, a la vez, se asemejan a los síntomas de la depresión. Así, podemos encontrarnos con:

  • Llanto, tristeza, añoranza y pérdida de ilusión.
  • Ansiedad, alteraciones del sueño, hiperactividad.
  • Miedo, soledad, angustia.
  • Sentimientos de rabia, culpa.
  • Resentimiento hacia los demás, que continúan sus vidas “como si nada”.
  • Aprensión por si volviera a suceder algo malo otra vez.
  • Búsqueda de una nueva identidad y nuevos roles sociales.
  • Búsqueda del sentido de la vida.

Diferentes etapas del duelo

Las fases del duelo son cuatro, y aunque la duración e intensidad pueden variar de una persona a otra, suelen experimentarse todas o casi todas:

  1. Negación: No se admite la idea de muerte o pérdida. Se produce un estado de shock e incredulidad que puede durar horas, días o meses.
  2. Ira: Tras la negación se experimenta la realidad de la pérdida. Esto origina rabia y enfado por la situación.
  3. Depresión: Es la etapa más aguda del proceso, con típicos síntomas depresivos (sobre todo de tristeza y aislamiento). Puede durar de 2 a 6 meses y repetirse posteriormente en menor grado durante fechas señaladas como las navidades o los aniversarios.
  4. Aceptación y resolución: Es la parte final del proceso, en la que hay un reencuentro con el mundo exterior y el dolor agudo por la pérdida empieza a transformarse en añoranza y cariño.

Cuando el duelo pasa a ser patólógico

Cada persona necesita su propio tiempo para recuperarse de situaciones dolorosas, y por ello cuando hablamos de duelo debemos ser muy precavidos. Aunque normalmente se aconseja la ayuda de un profesional cuando los síntomas de incredulidad superan los 2 o 3 meses y los depresivos perduran entre los 10 meses y el año. Un buen psicólogo o terapeuta puede identificar en qué momento del proceso estamos y orientarnos para disminuir nuestro malestar, algo que con el tiempo nos hará más libres y más fuertes.

Ánimo sé fuerte

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